miércoles, 31 de agosto de 2011

El universo (microrelato)




De vez en cuando, la espuma de una ola dibuja una tímida línea en el negro mar, hay luces de barcos a lo lejos.

Te oigo respirar, espero que el faro de Trafalgar me devuelva por un instante tu mirada. Me besas. Tienes arena en los labios y los pies húmedos y fríos.

Me pierdo en tu pecho.

«¿Cómo se llamaba aquella canción de Aute?»

«El universo»

«No quiero que amanezca, mañana es Septiembre.»

«Te llamaré.» Y con una sonrisa me retiras el pelo de la cara.

Y yo te creo, te creeré todo lo que queda de Agosto.

Una turista ¿holandesa? baila borracha en la arena desafiando a la gravedad. Se oye gente hablando y riendo, vascos, por el acento.

«Sigues teniendo arena en la comisura de los labios, tonto.»

[Por si alguien no conoce la canción mencionada en el texto, la tenéis aquí]

jueves, 25 de agosto de 2011

El niño y el mar


Hace unos días, mientras contemplábamos juntos el anochecer frente al mar, mi hijo de 8 años, absorto ante la escena, se quedó pensativo y dijo:

El Sol.
Desapareciendo por el horizonte,
en su cama de sábanas húmedas
que la Luna le prepara.

Ante mi cara de asombro y rendido enamoramiento, mi hijo alegó:


En realidad, mamá, no es más que una mezcla de fantasía y astronomía, puesto que la Luna es la responsable de las mareas del mar.

Salvador, en Marzo de 2004


jueves, 18 de agosto de 2011

Mi sueño de África (por culpa de Javier Reverte)

Yo tenía un viaje a África, al cráter del Ngorongoro...



Este comienzo a lo Blixen tiene un final bastante decepcionante, pero es otra historieta de mi vida y, como tal, llegará a mis pobres nietos las tardes de lluvia en las que, melancólica, les toque escucharme.



He comenzado este verano a leer El río de la Luz de Javier Reverte, y al volver a 'escuchar' a Javier describiendo los pasajes de Alaska y las historias sobre aventureros como el mítico Jack London, o sobre ataques de osos y naufragios, me vino a la cabeza el primer libro que leí de este mismo autor El sueño de África y que fue el culpable, de ahí el subtítulo de esta entrada, de mi sueño de ir a la África negra.

Por si no lo habéis leido, cosa que os recomiendo que hagáis en cuanto podáis, en las páginas del mencionado libro, Reverte se deja caer con párrafos como

«A cualquiera que afirmase con Kampala es una ciudad bonita lo tomarían por loco. Yo la encontré hermosa.  A primera vista, es fea y desgarbada. Pero es necesario aprender a comprenderla. A Kampala debe mirársela desde sus colinas, pero hay que vivirla en sus hondonadas. La relación con esta urbe extraña se parece mucho al amor: uno se aproxima con los ojos, juzga sin demasiada seguridad, luego busca en el tacto y los olores un eco receptivo y, si lo encuentra, uno se queda y ama. En caso contrario, si el regusto es acerbo, te largas por más belleza que te pongan delante. Desde luego, Kampala no crea un amor a primera vista. Pero su humanidad acaba por enamorarte.»

Y piensas, inmediatamente, «¡Coño! Quiero ir a Kampala» Pero sigues leyendo y  te encuentras con:

«Sentado en Ripon Falls, frente al borde roto del lago donde nacía el Nilo, todo parecía dulce. Había allí una atmósfera de melancolía y sentía flotar en mi corazón un aire vago de nostalgia..[] El sol viajaba hacia su ocaso, la brisa llegaba húmeda y templada, el viento tenía una tibieza líquida y las nubes afiladas dibujaban garabatos infantiles sobre el cielo terso. Empezaba el canto de los grillos mientras se escuchaban los silbos de los últimos pájaros. Algún martín pescador se empeñaba todavía en buscar peces ene le agua y su sombra plateada golpeaba como un puñal en el río, para salir al instante revoloteando, con su presa prendida en el pico. El sol enrojecía detrás de las colinas redondas, encendiendo las luminarias de su propio funeral. Y el Nilo se ensombrecía en un cerrado azul metálico, iba desapareciendo delante de mis ojos.»

Y decides que quieres ir a Ripon Falls, a ver el nacimiento del Nilo, a conocer a ese animal grande y sensual que es el bosque tropical...

«El bosque tropical parece un alma única que cuenta con una entidad propia y singular, como si las plantas que lo cubren y la fauna que lo habita fuesen partes de un animal grande y sensual, un animal que no es amenazante ni dañino, sino delicado y voluptuoso.»

Quieres vivir en primera persona escenas como

«Una bruma sucia cubría el horizonte sobre las sombras patéticas de los árboles. Entre la calima gris aparecieron luego las sombras móviles de una manada de búfalos, unos cuarenta o cincuenta ejemplares.[] La manada se quedó quieta y los búfalos volvieron la mirada hacia nosotros. Olía a estiércol y a la ceniza de la neblina. Los animales más próximos alzaban la cola, alertaban las orejas, erguían la cabeza sobre el poderoso cuello. [] No eludía mis ojos, al contrario de lo que hacen leones y leopardos, que desvían siempre su mirada a otra parte, como si sintieran un profundo  aburrimiento ante la contemplación de un ser tan absurdo como es el hombre.[] La mirada de aquel búfalo guardaba algo de humana, escondía la conciencia de un ser que sabe a matar y que se siente satisfecho de poder hacerlo.»

Aunque posiblemente no seas capaz de describirlo como lo hace este señor. Pero, de todos los lugares visitados por él, tienes que elegir uno, por cuestiones de tiempo y dinero, y cuando ya estás llegando casi al final del libro, descubres, Tanzania de la que Javier dice que

«Cualquier viajero puede afirmar, sin que nadie le lleve la contraria, que Tanzania es uno de los países más sorprendentes y hermosos de la tierra.»

«Junto a las barrancadas abismales del valle del Rift, ante el soberbio trono del Kilimanjaro, en los bordes del cráter del Ngorongoro, en las sabanas salvajes del gran Serengeti y en las playas nacaradas de Zanzíbar, el alma acta con reverencia animal la grandeza del mundo.»


Y es entonces, cuando decides, con contundencia, a lo Escarlata O'Hara, «A Chuck pongo por testigo de que volaré a Tanzania a visitar el cráter del Ngorongoro»

«Aunque la montaña está a no demasiadas millas del Ecuador, la altura conserva el cráter fresco y agradable. En este bello lugar es siempre primavera. El frío del invierno y el calor del verano nunca llegan aquí. Con caza abundante alrededor, un arroyo de agua fresca en la puerta y bosques llenos de frutos, un hombre podría vivir aquí tan feliz como pudo vivir en el Jardín del Edén, Mirando alrededor, pensé que me alegraría pasar el resto de mis días en el Ngorongoro.» (John Hunter)

Claro está que además de la voluptuosa naturaleza de Tanzania  hay que tener en cuenta pequeños detalles descritos por el maestro Reverte en su libro tales como

«En Tanzania casi nada funciona en absoluto, aunque casi todo acaba por arreglarse siempre.»

«Es fácil entender en consecuencia por qué los anglosajones bautizaron años atrás a la compañía aérea Air Tanzania como 'Air May Be'»

«A la compañía Air May Be la distinguen tres características: nunca cumple los horarios de salida, nunca cumple los de llegada y en muy pocas ocasiones tampoco los itinerarios anunciados. No obstante, Air May Be posee una cualidad especial, sus aviones casi nunca se caen, aunque parece que todos van a derrumbarse desde el momento en que despegan. Viajan dando tumbos, renquean, son viejos como un cocodrilo del Nilo, hacen tanto ruido que es imposible hablar en su interior, nadie sabe si quien manda en el avión es el piloto, la azafata o el sobrecargo, y vuelan entre tormentas que ni el mismísimo Spielberg podría reconstruir con efectos especiales..., pero no se caen.»


Y digo yo, ¿qué necesidad había de describir con tanto esmero a la compañía Air Tanzania si el libro lo puede leer gente que reacciona como esta mujer  en los vuelos? Aún así, piensas que de alguna forma hay que morir y que quieres viajar allí a cualquier precio.

Así que ni cortos ni perezosos, mi santo y yo, decidimos que aquel febrero de 2001, viajaríamos a pasar nuestra Luna de Miel en el cráter del Ngorongoro. Eso sí, para que nos saliera más barato, teníamos que volar a Zanzíbar, pasar unos de días en un resort para turistas y después, con Air Tanzania, volar al continente. Bueno, no era mi plan inicial, pero si leías lo que Reverte contaba de Zanzíbar y la Ciudad de Piedra, tampoco se te ponía mal cuerpo.

«[...]los olores sensualizaban el aire de la Ciudad de Piedra. Cruzaba junto a mujeres que dejaban tras de sí un rastro de jazmines; luego vibraba cerca de mis narices el aroma a clavo que salía del interior de una tienda de especias; después eran la canela, el cardamomo y el perfume del jenjibre; y más allá, la fragancia del té de yerbabuena y los potentes efluvios de un café arábigo. Oler se convertía en Zanzíbar en un acto de hedonismo supremo [...]»

Eso sí, antes del viaje, te tienes que poner una batería de vacunas nada despreciable para que la aventura no te salga más cara de la cuenta. De este episodio, recuerdo que me llamó la atención el hecho de por vivir en Sevilla y beber agua del grifo, te libras de pincharte contra la Hepatitis B, mira tú qué cosas. Aún así, estuve cojeando varios días a causa de la de la fiebre amarilla creo. 

Por aquella época, era la subdirectora de ordenación académica del centro en el que trabajaba y, antes de marcharme, me dediqué a enviar correos delegando mis funciones a otros miembros del equipo directivo y de la secretaría del centro, mensajes que terminaban con frases del tipo: «Y mientras tú estés en la reunión de xxxxx, yo estaré contemplando...» y a continuación alguna foto de algún animal en el Serengeti o en el Ngorongoro. 

No hace falta decir que algunas de las respuestas a estos correos incluían insultos hacia mi persona de mis amados compañeros y sin embargo, amigos. Nos regalaron todas las pijadas habidas y por haber de Coronel Tapioca, brújulas, linternas, redes para mosquitos, zumbadores... Nos compramos otro ejemplar del libro de Reverte, para evitar las broncas que pudieran desestabilizar la boda y, por lo tanto, los quince días de permiso. La noche antes del viaje, como estaba nerviosa por el vuelo de Air Tanzania, mi amado esposo me invitó al cine a ver ¡Naúfrago! Anda que... Aún así, quería ir al Ngorongoro. Antes de dormirme esa noche, mientras releía la descripción del cráter en El sueño de África, me abracé con lágrimas en los ojos a mi santo y le dije «Cielo, me parece mentira que vayamos verlo con nuestros propios ojos»

Volamos de Sevilla a Barajas, riéndonos como dos adolescentes enamorados, mi larga melena roja cubría el hombro de mi amado mientras hablaba compulsivamente de todo lo leído sobre Zanzíbar y Tanzania. Pero al llegar a Barajas y acercarnos al mostrador del operador que debía darnos nuestras cartas de embarque, nos dieron una copia de un fax del Ministerio de Asuntos Exteriores en la que se desaconsejaba viajar a Zanzíbar por graves disturbios en el país. Hielo sobre nuestras sonrisas. «Esto es una broma, cielo» decía yo nerviosa mientras buscaba la cámara oculta «Mis compañeros, que me quieren gastar una broma por haberles dado tanto la lata con el viaje» Pero no, seguían llegando viajeros y a todos le decían lo mismo. Algunos decían que sí que volaban, los que portaban  cantidades ingentes de material fotográfico renunciaban a volar, no querían pasar 10 días encerrados en el resort, yo lloraba. Llamamos a compañeros de la Universidad para que mirasen en Internet y nos confirmaban que sí, que había una muy gorda liada en Zanzíbar tras un supuesto pucherazo en unas elecciones y que los agraviados atentaban contra los hoteles propiedad de los que habían mangoneado en el escrutinio. La hermana de un compañero acababa de llegar de Zanzíbar donde permaneció dos días sin poder salir del hotel. La agencia de viajes en Sevilla nos aconsejaba volver, nos devolvían el importe íntegro del viaje.

Mi sueño de África se esfumaba. No queríamos ir a encerrarnos en un hotel de lujo, queríamos ir a Tanzania, pero los vuelos al continente no nos lo aseguraban.  Poco a poco, con dolor e impotencia, aceptamos lo evidente. Teníamos que renunciar al Ngorongoro, por ahora. Volvimos ese mismo día a Sevilla. A la mañana siguiente, con el cabreo y la frustración, me corté el pelo, a lo militar ¿Por qué? Yo qué sé, estaba enfadada y me dio por ahí.

En la agencia de viajes teníamos que decidir dónde ir al día siguiente, las vacaciones por matrimonio seguían corriendo. Alberto propuso los fiordos. Nada de frío, dije yo. Nepal. Imposible, había que pasar una noche en Karachi y no teníamos visado, tampoco para China. Después de descartar por esos y otros motivos algunas de las propuestas, nos quedaban dos: Argentina-Brasil o Tailandia-Bali. No sabíamos cuál elegir, fue una moneda de cien pesetas la que decidió que voláramos a Asia, de lo cual me alegro cada vez que lo pienso, porque descubrí otro paraíso: Bali.

Y así fue como me quedé con las ganas de conocer aquella parte del continente africano que fascinó a Lugard, Baker, Speke, Burton, Livingstone, Stanley y tantos otros europeos, cuyas historias narraba con maestría Reverte en su libro.

«Y África los cambió a todos, haciendo de Livingstone un explorador, de Baker un formidable narrador de historias, de Burton un neurótico vagabundo, de Speke un héroe trágico y de Stanley un conquistador. A la postre, uno por uno cayeron seducidos por el mal de África. Y todos murieron soñando con regresar.»

Sin lugar a dudas, de todas las historias de europeos  contadas en El sueño de África la que siempre me emociona hasta las lágrimas es la de Paul Von Lettow., que como un Caballero, luchó por Alemania en el África negra, ayudado por sus guerreros  askaris. A su regreso a Alemania, luchó para que a éstos se le reconocieran y pagaran sus esfuerzos. Murió en 1964, el mismo año que el Parlamento alemán acordaba al fin, pagar los atrasos (sueldos y pensiones) a los que lucharon a su lado por Alemania. Pusieron un anuncio para convocar a los askaris que lucharon con el ejército alemán entre 1914 y 1918. Se presentaron alrededor de trescientos ancianos, pero muy pocos conservaban la acreditación que les proporcionó Von Lettow en 1918

«El pagador tuvo entonces una feliz idea. Comenzó a ordenar, en alemán, movimientos de instrucción militar […] Ni uno solo de aquellos anciano dudó y todos ejecutaron a la perfección la orden del pagador»

También me quedé con las ganas de descubrir  el pensamiento de los masais

«La religión de los masai carece de normas. Su dios, Ngöi, es poco más que una referencia de la Creación y no promete a los hombres otra cosa que la soledad.»

«Yo mismo soy un hombre circular, nunca quiero ir a un punto en el horizonte, al contrario de lo que hacen ustedes los europeos, siempre obsesionados con el futuro, empeñados en llegar siempre a alguna parte. El alma swahili vuelve siempre sobre sí misma, galopando sobre los monzones. Salimos del pasado y volvemos al pasado después de darnos una vuelta por el futuro. Ustedes son distintos: gastan su vida destruyendo el pasado y cuando alcanzan el futuro ya están viejos y cansados. El hombre es sólo memoria y regreso, señor.»

Como dice Javier Reverte  en su maravilloso libro

«África tiene un aura especial y la tersura de un sueño infantil»

«El sueño de África tal vez no sea más que un afán de aventura, la resistencia infantil del corazón a aceptar la vulgaridad y rutina del mundo.»

Seguiré soñando con África y ahora, también por culpa del mismo, con las tierras de la fiebre del oro. 






miércoles, 3 de agosto de 2011

Mati se πra de vacaciones


Pues como es normal en estas fechas, nuestra amiga Mati aprovechando que el Pequeño Libro de Notas se va de vacaciones, ha decidido tomarse un resπro e irse también unos días a relajarse. 



Nos vemos en Septiembre, donde siempre. 

Hasta pronto.



lunes, 18 de julio de 2011

YES, WE CANallades



Hola a todos, soy Mati. 


Clara me ha dejado un huequito en su blog... [¡Pequeñito, Mati, que te enrollas!]...¡Sí, Clara, sí, pequeñito! (Se hace mayor la pobre... y se pone pesada) 
Pues eso, que quería hoy hablaros de mi otra mamá, la que no lleva gafas, la que me dibuja cada vez más guapa en todas mi Mateaventuras. Sí de Raquel, Raquel Garcia Ulldemolins.


Firmando el comienzo de Mati.


Raquel no sólo dibuja como ya conocéis los que me seguís, sino que además escribe. Ya os hablé un día de su libro en otra entrada, e incluso Sal y Ven hicieron un 'vídeo promocional', estaban tan contentos por aparecer por primera vez en un libro...




Pues ese libro, Canallades, nació en un blog  que ahora se presenta a los Premios Blogs de Cataluña 2011 (Premis Blocs Catalunya 2011) en la categoría de Miscellània i Personals (Miscelánea/Personales). 
Si no tenéis aún el libro, podéis pasar por el blog y descubrir las historias desternillantes y reales como la vida misma que Raquel nos trae de mano de esos locos bajitos y canallas. 




Yo, como hija suya, de Raquel, os pido el voto para ella, y, como hija de Clara, os explico el algoritmo, para que sea más fácil:


1. Entra en http://www.stic.cat/

2. Regístrate como usuario o usa tu usuario de Facebook o de Twitter, que es más rápido 


Hay que ir a la columna de la derecha, en Acceso, y registrarse. Te enviarán un correo a tu dirección de mail con un link. Haz clic sobre el link y ya está verificado tu registro. Te redirigirá de nuevo a la página de los premios.
3. Haz clic en Votació. Aparecerán las categorías.
4. Selecciona la categoría "Personales / Miscelánea".



5. Aparecen los bloques ordenados por orden alfabético.  Ve bajando hasta Canallades y haz clic en el botoncito redondo de arriba izquierda.

6. Vuelve a lo alto de la lista alfabética y haz clic en "Votar".
Muchas gracias, de verdad.


Las tres 'culpables' de Mati: Mamen, Raquel y Clara (de izquierda a derecha)


Bueno, os dejo que estamos preparando la siguiente Mateaventura para este sábado.
¡Gracias por tu voto!



miércoles, 13 de julio de 2011

Para que no se olvide

Mi hijo pequeño se llama Ventura. 

Muchas veces, cuando lo llevo a alguna revisión médica, esperan ver entrar a una niña, por el nombre. En su colegio, muchos compañeros le llaman 'Aventura' y a él le hace mucha gracia, básicamente es un tío tan feliz que le hace gracia casi todo. 

Cuando aún estaba creciendo dentro de mí, un compañero de trabajo me dijo «Ligará un montón, porque muchas chicas le preguntarán por qué se llama así». Yo me reí. «No sé si ligará» contesté «espero que sea un tío feliz y buena persona».
 
Mi santo acaba de publicar una entrada con una versión resumida de la historia del abuelo Ventura, por el que mi hijo lleva ese nombre.  Un gran hombre, me encantaría que, además del nombre, mi hijo heredara la calidad humana de su bisabuelo.

Hace unos días, mi hijo mayor, el gafotas como le llamamos nosotros y a él le encanta, y que lleva el nombre de mi padre, obsesionado como está con el asunto de la guerra civil española, le preguntó a su abuelo Alberto, hijo de Ventura. 

«--Abuelo, ¿tú podías jugar cuando era la guerra?»

Mi suegro, son paciencia infinita y voz pausada (pero con un tono un pelín alto por su sordera) empezó a contarle cosas de la guerra civil. El gafotas no pestañeaba, sólo movía la barbilla en los puntos que le emocionaban, Ventura jugaba con sus cartas Pokemon, aún no está muy interesado en el tema, la verdad.



Alberto y su hermana

«--Cuando íbamos al colegio, llevábamos colgado del cuello un palito de madera con una cuerda.

--¿Para qué, abuelo?

--Por si había un bombardeo. Nos tirábamos al suelo y mordíamos el palito con todas nuestras fuerzas para que no nos reventaran los tímpanos.»


También le contó que intentaron huir a Francia desde Barcelona, para escapar de las tropas de Franco. Iban en un coche y una bomba destrozó el puente que estaba delante de ellos y que deberían cruzar.

«--Nos bajamos del coche y seguimos andando hasta Francia, cruzando los Pirineos.

--¿Tenías mucho miedo, abuelo?

--No recuerdo, pero supongo que sí.»

Al llegar a Francia los metieron en un campo de concentración, pero de eso no se acuerda mucho, era muy pequeño. 

Lo que más emocionó al gafotas y a la madre del mismo, aunque ya conocía la historia, fueron los recuerdos del abuelo Alberto asociados a su padre en la cárcel. 

El bisabuelo Ventura (su padre) estuvo preso en el Penal de El Dueso (unos 11 años, condenado a muerte, por cierto).  El abuelo Alberto fue a visitarlo con 14 años. Cruzó España desde Cartaya (Huelva) hasta allí en los trenes de aquella época. Un niño solo que cruzaba el país en plena posguerra a visitar a su padre, preso político. Salvador y su barbilla temblaban de emoción, pero el abuelo de vez en cuando, le dice alguna tontería para cambiar el tercio. Pero no, el gafotas quiere saber más de la historia de su familia.

«--En aquella época había que ir al servicio militar obligatorio. Pero había una cosa que se llamaba excedente de cupo, si te tocaba, te librabas del servicio, sólo tenías que hacer el periodo de instrucción, que duraba 3 meses. Una tarde, en Cartaya, yo iba a buscar a tu abuela para dar un paseo de novios por la plaza. Como en aquellos tiempos todo el mundo oía la misma emisora de radio y las ventanas estaban todas abiertas, yo podía escuchar la retransmisión completa por la calle, de ventana en ventana. Anunciaron los números 'agraciados' con el excedente de cupo y cuando llegué a la casa de mi novia, tu abuela, le dije: "Aurora, me he librado de la mili" Tu abuela ni se lo creía. 



Pero tuve que ir a hacer la instrucción. Nos convocaron en Huelva a todos los quintos, para llevarnos al Cerro Muriano. En ese momento, me entregaron un telegrama, que es como un mensaje de móvil pero en un papel, donde me anunciaban que mi padre había salido de la cárcel. Fui a hablar con los mandos para pedir permiso para ir a ver a mi padre, un preso político que acababa de salir de El Dueso. "Ya no quedan presos políticos en EL Dueso, hijo" Yo le dije que mi padre, Ventura Márquez Sicilia, acababa de salir de allí. Me dijeron que no podían darme permiso, que tenía que pedirlo cuando llegara al Cerro Muriano. En cuanto llegúe al centro de reclutamiento del Cerro, volví a buscar a los mandos "¿Tú eres el hijo del preso político de El Dueso?" Y yo le dije, "Sí, mi capitán" "Vete a ver a tu padre, tienes 3 días" 
Al salir por las puertas del cuartel, mi padre llegaba en ese momento en un coche con su cuñada.

--¿Qué le dijste, abuelo? 

--Imagínate...» 

Al abuelo Alberto le brillan los ojos.

«--Bueno, vamos a merendar algo, ¿no? ¿No tienes hambre, Salvador?»

Mis suegros y mis hijos


El gafotas está emocionado, pero merienda con ganas. Ventura sigue ajeno a la historia de su tocayo, pero feliz. 


A veces, me entra la duda de si es muy pequeño para oír estas historias. La mayoría de las veces, estoy convencida de que es necesario, para que no se repita, para que no se olvide...


 

sábado, 9 de julio de 2011

Dame 4 colores y pintaré el mundo



Pues sí, esta semana, Mati nos ha contado en su columna del Pequeño Libro de Notas el Teorema de los 4 colores y nos ha retado a algunos juegos inspirados en el citado teorema.


Como la confianza da asco, Mati me pidió que contara yo en mi blog el problema del coloreado de mapas y que, si sabía otros juegos, que los presentara aquí. Y no, no pude negarme, me gustan mucho sus pequitas, aparte de que se valió de Sal y Ven para terminar de convencerme.


Me puse antes que nada a hacer una búsqueda en la red de juegos inspirados en el teorema de los 4 colores y buscando, buscando, llegué al blog de Sangakoo, a los que conozco por su encomiable labor en enseñar matemáticas a los que no se les dan tan bien, y descubrí, con alegría, no sólo un juego, sino que encontré la historia del Teorema de los 4 colores, muy, muy bien explicada. Y me dije ¿por qué volver a hacer lo que ya está hecho tan bien? Así, que os dejo



En esa misma entrada, no sólo se habla de la historia, sino también se propone un juego, el juego de los cinco colores.

Aparte de ese juego y de los propuestos por Mati aquí os dejo alguno más. 

En éste se trata de colorear con el menor número posible cada nivel, pero siempre con menos de 4 colores, claro. Podéis elegir el color, de los 4 que aparecen sobre el dibujo a colorear. Ojo, que aunque los primeros niveles son muy fáciles, se van volviendo cada vez más intrincados e interesantes.

En esta otra página tenéis más cositas, es dónde Mati encontró el juego de la tela de araña.

Este otro no tiene nada que ver con el teorema, pero es muy entretenido. Eso sí, basándote en los colores, puedes diseñar una estrategia ganadora para uno de los dos jugadores.


Por último, si alguien se rindió con el coloreado con 4 colores de la broma de Gardner...




...es decir, no fue capaz de dibujar la figura superior con sólo 4 colores, en esta página, por ejemplo, tiene la solución. Pero sería terrible tener que mirarla, ¿no? Venga que es verano, la imprimes y te la llevas de excursión. De paso, compartes el reto con los amigos. 




Eso sí, los 4 colores sólo para los mapas, las personas tenemos cada uno nuestro color ;)