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sábado, 28 de enero de 2012

El zapato de cristal: el musical

Como ya os dije en mi anterior entrada, casi cuando acababa el año, me habían pedido permiso para usar un microrelato mío como inspiración de un tema musical.

Pues aquí está. No sé si soy objetiva, pero me encanta esta música. Muchas gracias, Dreamtopia.

De paso, podéis pensar también, mientras escucháis la música,  en este otro microrelato que mi querido Fakun me regaló el día de mi cumpleaños. Muchas gracias, Fakun:

domingo, 9 de octubre de 2011

Se calló el Callao

En un lugar de la Alameda de cuyo nombre no quiero olvidarme, no ha mucho que bebían unos amigos. Y se reían, cantaban, fumaban, flirteaban...

Foto de Zifra


Casi todos nos conocíamos y nos alegrábamos de vernos, aunque muchas veces no supiéramos nuestros nombres, ¿y qué más daba?

Cuando yo lo descubrí, era Antonio el que estaba detrás de la barra, un tabernero nada especial muy especial. Te contaba mil veces la misma historia. a veces, no hablaba, sólo sonreía con la mirada perdida en algún mundo que nadie conocía. 
No respetaba ningún horario de apertura. Básicamente abría cuando le apetecía y nadie rechistaba, ni perdía clientes. Siempre revoloteábamos esperando ver levantar la persiana.
 «¿Quieres gambas con la caña?» Y con una sonrisa traviesa y los ojos medio cerrados como  dos 'puñalás' en un cartón, te ponía un plato de altramuces.

Sentarse solo a la barra del Antonio tenía la ventaja de escuchar diálogos especiales:

«—Una cerveza.
—A mí, una fanta de limón.
—¿Sin 'ná'? Qué asco, tío...
—Deja, deja, que yo sólo bebo cuando trabajo.»

O encontrarte a los vecinos de arriba, muy, muy jubilados, él con el pantalón del pijama, ella con rulos y bata, tomándose un vinito antes de irse a dormir.

Por tener teníamos hasta nuestro YIR (el yonqui residente, como le llamaba mi amigo Zifra). Si le invitabas a algo, tenías flamenco asegurado toda la noche. 

Hasta donde yo sé, era uno de los pocos bares de Sevilla en los que, espontáneamente, alguien pedía la guitarra y se ponía a cantar: rumba, Triana, Silvio, Beattles, Bob Dylan... y todos los demás acompañaban o, al menos, lo intentábamos.




Teníamos guitarra española y también guitarra eléctrica.


Foto de Zifra




Era nuestro bar, el lugar a donde siempre queríamos volver.


Recuerdo la noche de la Nochevieja del 2001 al 2002, Antonio empezó a cobrar en euros, de una forma... especial


«—¿Cuánto te debo?
—Cinco euros.
—¿Cinco euros?¿Eso cómo va a ser?
—Seis euros.
—'Joé', vale...» 

Nadie pedía el libro de reclamaciones, porque Antonio te daba más de lo que pedías.
Cada vez que llevábamos a algún foráneo al bar, caía rendido bajo el hechizo del mismo llegando a protagonizar escenas esperpénticas que no se pueden, no se deben contar.




El cáncer sacó a Antonio de detrás de la barra y al tiempo lo apartó para siempre de su clientela. Al poco tiempo, encontré esto en Verdes valles, colinas rojas de Ramiro Pinilla





Y me lo recordó, mirándome y sonriendo con menos ojos que Juanito Valderrama.

Después de Antonio, Joaquín y Lorena nos devolvieron otra gran época en la que a los ingredientes ya descritos hay que sumarles las hordas de estudiantes Erasmus que aprendían el idioma en aquella barra de bar.


Foto de Zifra

También Zenet y su banda descansaban tras cada concierto en Sevilla y dejaron su impronta en las paredes: «Voy a tirar piedras al sol para ver si lo alcanzo» 


Foto de Zifra



En aquellas paredes se dejaron escritos poemas, tonterías, mensajes en clave entre amantes prohibidos...


Era el Callao, nuestro Callao.


¿Cuánto hacen que lo cerraron? ¿Un siglo?



He vuelto a pasar por esa esquina de la calle Lumbreras. Sabía que lo tenían otros dueños, me habían contado que hasta habían puesto ¿una tele? Lo que no sabía era que le habían cambiado el nombre. Un escalofrío congeló mi sonrisa al ver que habían tratado de borrar el mural pintado en la esquina.







lunes, 18 de julio de 2011

YES, WE CANallades



Hola a todos, soy Mati. 


Clara me ha dejado un huequito en su blog... [¡Pequeñito, Mati, que te enrollas!]...¡Sí, Clara, sí, pequeñito! (Se hace mayor la pobre... y se pone pesada) 
Pues eso, que quería hoy hablaros de mi otra mamá, la que no lleva gafas, la que me dibuja cada vez más guapa en todas mi Mateaventuras. Sí de Raquel, Raquel Garcia Ulldemolins.


Firmando el comienzo de Mati.


Raquel no sólo dibuja como ya conocéis los que me seguís, sino que además escribe. Ya os hablé un día de su libro en otra entrada, e incluso Sal y Ven hicieron un 'vídeo promocional', estaban tan contentos por aparecer por primera vez en un libro...




Pues ese libro, Canallades, nació en un blog  que ahora se presenta a los Premios Blogs de Cataluña 2011 (Premis Blocs Catalunya 2011) en la categoría de Miscellània i Personals (Miscelánea/Personales). 
Si no tenéis aún el libro, podéis pasar por el blog y descubrir las historias desternillantes y reales como la vida misma que Raquel nos trae de mano de esos locos bajitos y canallas. 




Yo, como hija suya, de Raquel, os pido el voto para ella, y, como hija de Clara, os explico el algoritmo, para que sea más fácil:


1. Entra en http://www.stic.cat/

2. Regístrate como usuario o usa tu usuario de Facebook o de Twitter, que es más rápido 


Hay que ir a la columna de la derecha, en Acceso, y registrarse. Te enviarán un correo a tu dirección de mail con un link. Haz clic sobre el link y ya está verificado tu registro. Te redirigirá de nuevo a la página de los premios.
3. Haz clic en Votació. Aparecerán las categorías.
4. Selecciona la categoría "Personales / Miscelánea".



5. Aparecen los bloques ordenados por orden alfabético.  Ve bajando hasta Canallades y haz clic en el botoncito redondo de arriba izquierda.

6. Vuelve a lo alto de la lista alfabética y haz clic en "Votar".
Muchas gracias, de verdad.


Las tres 'culpables' de Mati: Mamen, Raquel y Clara (de izquierda a derecha)


Bueno, os dejo que estamos preparando la siguiente Mateaventura para este sábado.
¡Gracias por tu voto!



domingo, 3 de julio de 2011

Math Working (Matemáticos por el mundo)


¿Quién se pregunta alguna vez para qué sirve el Quijote? ¿Para qué es necesario Harry Potter? ¿Cuándo van a usar un poema de Lorca?

¿Qué cambiaría si sólo nos enseñasen gramática y ortografía? Si nadie nos hubiese leído un cuento, recitado un poema. Si nunca hubiésemos leído una novela, un apasionante libro de viajes, una interesante biografía...

¿Cuántas campañas institucionales se han diseñado para inculcar o reforzar el hábito de leer? ¿Cuánto se nos ha informado y aconsejado a las familias para que leamos e invitemos a leer a nuestros hijos? ¿Cuántos eventos alrededor de los libros se celebran?

A lo mejor no los suficientes, está claro.

Pero ahora, repítamos esas mismas preguntas que encabezan esta entrada cambiando la lectura por el conocimiento y entendimiento de  las ciencias, en general, y por las matemáticas en particular.

No trato de comparar, porque sería absurdo, creo, la literatura con la ciencia; ni mucho menos, propiciar el debate, tan manido como innecesario, de letras contra ciencias. No. Soy matemática, eso sí es cierto, pero encuentro un placer irremplazable en embeberme en una novela, un libro de viaje o una buena biografía.

Se trata simplemente de una pequeña reflexión sobre la necesidad de inculcar en la población la necesidad de conocer unos mínimos sobre matemáticas y hacerlo, como se hace con la gramática, “recitando” la belleza de las formas geométricas, declinando un desafío a la lógica, dramatizando lo intrincado de un puzzle, deslizándonos por una escalera de Escher sin saber si sube o si baja...

Ya se ha acuñado y usado el término anumerismo, para designar a este mal que cada vez se hace más evidente, toda vez que Google nos desaloja espacio en el disco duro cerebral para recordar cosas como la lista de los reyes godos, los afluentes del Misisipi o la capital del Reino de  Lesoto.

Evidentemente estoy a favor de atesorar una cultura general que abarque temas como la literatura, geografía, historia, filosofía...Es necesaria, entiendo, para nuestro crecimiento como personas, nos enriquece y nos ayuda a entender y ser tolerantes con el comportamiento de otras culturas y/o civilizaciones, o incluso con la nuestra en otros siglos pasados. 


Pero no estaría de mal tampoco entender la naturaleza que nos rodea, la que llevamos dentro, la tecnología que empapa nuestras vidas, los intereses que nos cobra el banco y el ahorro real de una oferta en el supermercado.

Me atrevería a decir que nos afecta tanto a nuestro 'modus vivendi' las tradiciones culturales o el clima como el acceso a la información y las nuevas tecnologías, por ejemplo.

¿A qué se debe entonces, por ejemplo, el anumerismo? ¿A qué sólo nos enseñaron en el colegio aritmética? No lo sé, pero no es una opción desdeñable, desde mi punto de vista.

Afortunadamente, en la actualidad hay un movimiento, o al menos así lo percibimos algunos, que intenta dar tratamiento, en la medida de sus posibilidades, a este “mal”. Profesionales o no de la divulgación científica que intentan inculcar la belleza del conocimiento científico en general, y el matemático en particular. No estaría mal tampoco una campaña por parte de alguna administración pública con lemas como, no sé, “Resuelve un sudoku con tu hijo” ¿no?

Hoy quiero hablar, un poco, sobre el trabajo que, dentro de este movimiento, desarrolla George Hart, hasta hace muy poco profesor en la Universidad de Stony Brook  y en la actualidad, director de contenidos del MOMath que, aunque ya tiene una actividad frenética de columnas, charlas y eventos, no abrirá sus puertas al público hasta el otoño de 2012.

Conocí a George Hart en un almuerzo con un colega común en Stony Brook en Abril de 2008. Casi no probó bocado. Traía los bolsillos de su pantalón y el de su camisa, repleto de puzzles diseñados y fabricados por él. Casi no comimos ninguno, todos queríamos desmontar y montar aquellos cubos formados de 3, 4 o 6 piezas indistinguibles entre sí. Nos invitó a su despacho y fue una experiencia inolvidable.







Recuerdo que pensé que aquella oficina pequeña y oscura, había sido uno de los museos que más había disfrutado jamás.  No sabía que aún nos invitaría a tomar el postre aquella noche en su casa, no esperaba entrar en el templo del culto a las formas geométricas. Con vino italiano y deliciosas tartas de una pastelería local, siete doctores en matemáticas, sentados en el suelo, rodeados de puzzles de George, pasamos una velada inolvidable, jugando con matemáticas.



En Octubre de ese mismo año, el profesor Hart nos devolvió la visita a Sevilla, a nuestro Departamento y aparte de impartir dos conferencias, a distinto nivel (una para investigadores y otra para todos los públicos), supervisó y dirigió la construcción de una escultura  con CD's que habíamos reciclado entre nuestros estudiantes de la ETSII.

Hace unas semanas, en nuestra última visita a New York, tuve la ocasión de volver a encontrarme con este niño grande que juega, con los ojos brillantes, a hacer Matemáticas. 

La cita era en Madison Square Park, a partir de las 11, en una especie de festival infantil que se celebraba allí.


Yo bajaba ilusionada por la 5ª avenida, disfrutando de una ciudad que me encanta y ansiosa por jugar con los juguetes de Hart.






Y me lo encontré, naturalmente, jugando:











Y es que jugando y tocando las Matemáticas, les vamos acercando a ellas, como los primeros cuentos nos acercan al placer de la literatura, o como Willy Fog (versión animada  de  Phileas, el personaje de Verne) nos invitó a mirar el globo terrestre y estudiar geografía para poder ir comprobando, con cierta angustia eso sí, si le daba tiempo o no, o como Marco nos señaló en el mapa los Apeninos y los Andes…









Es tan tierno y divertido ver jugar a George con los niños, ver las caras de los “trabajadores”…






Niños y Matemáticas, genialidad y lógica.







Los niños disfrutaban atornillando acróbatas entres sí



Algunas niñas no podían dejar de sonreír


Y finalmente, los acróbatas, en manos expertas, rodaron por el césped de Madison Square Park






Por la tarde, había que preparar, cerca de Washington Square, el Math Midway para el domingo.


¡¡Manos a la obra!! Math working!


¡Oh!, parece que hay que cambiar las gomas a la bicicleta de ruedas cuadradas…



Oye y ya que estaba por allí, ¿puedo ayudar?



Pero qué sucio quedó esto después de la última Math Midway... y el arquitecto que ayuda a Hart con sus diseños se tira al suelo a fregar.




Y tras muchas horas de trabajo consiguen montar el Midway, con la supervisión hasta el último minuto de George, que no es que cuide sus ‘juguetes’, él los mima, los acaricia…

Ahora hay qué decidir dónde quedamos mañana en la Math Midway del Momath.


¿En la esquina de Euler?




¿En el puerto de Pitágoras?




Lástima, el juego de palabras de las caídas parabólicas y las cataratas no me sale en español.




¿En el campo infinito?




¿O, simplemente, en un punto aleatorio?




Y al día siguiente…

¿Conseguiremos teselar el panel blanco?







¿Sabes topología para desatar a tu mascota?




Si sabes tirar de una cuerda, ¡no tienes que hacer dieta!




Con una mano no se tapa la Luna, no, pero, ¿con 5 círculos?





Voy a probar la máquina de funciones, a ver…




Vaya, alguien le pidió alguna muy difícil y se rompió.

A George se le ve cansado, extenuado, pero sigue, y sigue jugando y explicando a los niños





Mucho trabajo, muchas Matemáticas para que los niños, y algunos no tan niños, disfruten






Y todo esto con el MoMath aún sin abrir, porque el Museo no abre sus puertas hasta el Otoño de 2012. Eso sí, George y el resto de sus compañeros, trabajan duro ideando, diseñando los ‘juguetes’ que podremos disfrutar en él.


Y yo pienso, por Gauss, ¡yo quiero trabajar para el MoMath con Manhattan por la ventana!



En fin, no me puedo quejar que mi trabajo también me encanta y Sevilla, tampoco está mal, oye.

Termino agradeciendo a George haberme dejado ‘jugar’ con él una vez más.



Thank you, George, I’m looking forward to see you soon.

P.S. Tengo que confesar que yo no estuve ayudando hasta el final, ¿eh?, que me escapé a Washingtong Square un ratito a escuchar a los cantantes espontáneos