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jueves, 8 de noviembre de 2012

¿Cómo sabes tanto, hija?


Ayer estuve  en casa de mis padres y, entre otras cosas,  estuvimos viendo, de nuevo, el vídeo de mi comunicación sobre Diagramas de Voronoi en Amazings 2012 (mi madre dice que estoy monísima)






y escuchando, de nuevo, (son mis padres, no lo olvidéis), la entrevista que me hicieron en el Radioscopio (a partir del minuto 6:31 comienza la sección dedicada a Voronoi, gran programa de divulgación, por cierto) y la de ABC Punto Radio (a partir del minuto 15).

Al terminar de escuchar todo esto, de lo que no sé si mis padres entendieron mucho, ni falta que les hace, mi madre, con los ojos cargados de emoción (no solo por lo que acabábamos de escuchar y/o ver) me miró y me dijo:

--Qué alegría, hija, ¿tú cómo sabes tanto? 

La respuesta era fácil. Sé tanto, mamá, porque tú y papá os habéis sacrificado toda vuestra vida para que mis 5 hermanos y yo pudiésemos tener un futuro mejor que el que os dejaron a vosotros, nada sería posible sin vosotros. Pero, además, sé tanto, mamá, gracias a a un sistema de Educación pública. Gracias a mi  colegio público, a mi  instituto público, a mi Universidad pública, gracias al sistema de becas del Ministerio, a mi  doctorado en la Universidad pública y a que he realizado investigación en la Universidad pública. 

Mamá, Mati existe, sobre todo, gracias a vosotros y a la Educación Pública.

Creo que la respuesta convenció a mi madre porque me dijo:

--¿Te has quedado con hambre? ¿Quieres un dulce?


No hay dulce para contrarrestar el sabor de boca que se me quedó al salir de casa de mis padres y pensar en cómo los expertos de este país están intentando destrozar la Educación Pública, la Universidad Pública y la Investigación en nuestro país.

Eso sí, somos campeones de Europa y del mundo, qué coño... y como compartimos el ministro...

P.S.: Por cierto, tanto, tanto, no sé, porque no consigo entender qué está pasando en este país.

sábado, 19 de noviembre de 2011

Y nos dieron el 10...









Pues sí, hace hoy exactamente una semana que nos despertábamos con esto




el Bitácoras, no el Pitágoras como dice Ven.


Y es que Mati, nuestra Mati, ha ganado el premio Bitácoras 2011 al Mejor Blog de Educación, aquí tenéis el momento en el que lo anunciaban




¡No sé cuántas veces lo hemos visto!

Muchas gracias a todos los que habéis hecho posible este emocionante momento, reiteramos lo que ya dijimos en esta entrada, cuando Mati consiguió su pase para la alfombra roja.  




¡Gracias, muchas gracias!






Queremos dar las gracias también a los organizadores del  evento, especialmente a Chiara Cabrera por su cariñosa bienvenida a La Casa Encendida y por su sonrisa.


Raquel y yo, con el apoyo de grupo de investigación, mis dos hijos, seguiremos intentando 'novelar' las matemáticas para sembrar la semilla de la curiosidad sobre ellas a todos.










Y como nos ha gustado la experiencia, ahora nos presentamos a los premios 20Blogs 2011, aquí tenéis nuestra ficha


De nuevo, ¡muchas gracias!







jueves, 25 de agosto de 2011

El niño y el mar


Hace unos días, mientras contemplábamos juntos el anochecer frente al mar, mi hijo de 8 años, absorto ante la escena, se quedó pensativo y dijo:

El Sol.
Desapareciendo por el horizonte,
en su cama de sábanas húmedas
que la Luna le prepara.

Ante mi cara de asombro y rendido enamoramiento, mi hijo alegó:


En realidad, mamá, no es más que una mezcla de fantasía y astronomía, puesto que la Luna es la responsable de las mareas del mar.

Salvador, en Marzo de 2004


miércoles, 13 de julio de 2011

Para que no se olvide

Mi hijo pequeño se llama Ventura. 

Muchas veces, cuando lo llevo a alguna revisión médica, esperan ver entrar a una niña, por el nombre. En su colegio, muchos compañeros le llaman 'Aventura' y a él le hace mucha gracia, básicamente es un tío tan feliz que le hace gracia casi todo. 

Cuando aún estaba creciendo dentro de mí, un compañero de trabajo me dijo «Ligará un montón, porque muchas chicas le preguntarán por qué se llama así». Yo me reí. «No sé si ligará» contesté «espero que sea un tío feliz y buena persona».
 
Mi santo acaba de publicar una entrada con una versión resumida de la historia del abuelo Ventura, por el que mi hijo lleva ese nombre.  Un gran hombre, me encantaría que, además del nombre, mi hijo heredara la calidad humana de su bisabuelo.

Hace unos días, mi hijo mayor, el gafotas como le llamamos nosotros y a él le encanta, y que lleva el nombre de mi padre, obsesionado como está con el asunto de la guerra civil española, le preguntó a su abuelo Alberto, hijo de Ventura. 

«--Abuelo, ¿tú podías jugar cuando era la guerra?»

Mi suegro, son paciencia infinita y voz pausada (pero con un tono un pelín alto por su sordera) empezó a contarle cosas de la guerra civil. El gafotas no pestañeaba, sólo movía la barbilla en los puntos que le emocionaban, Ventura jugaba con sus cartas Pokemon, aún no está muy interesado en el tema, la verdad.



Alberto y su hermana

«--Cuando íbamos al colegio, llevábamos colgado del cuello un palito de madera con una cuerda.

--¿Para qué, abuelo?

--Por si había un bombardeo. Nos tirábamos al suelo y mordíamos el palito con todas nuestras fuerzas para que no nos reventaran los tímpanos.»


También le contó que intentaron huir a Francia desde Barcelona, para escapar de las tropas de Franco. Iban en un coche y una bomba destrozó el puente que estaba delante de ellos y que deberían cruzar.

«--Nos bajamos del coche y seguimos andando hasta Francia, cruzando los Pirineos.

--¿Tenías mucho miedo, abuelo?

--No recuerdo, pero supongo que sí.»

Al llegar a Francia los metieron en un campo de concentración, pero de eso no se acuerda mucho, era muy pequeño. 

Lo que más emocionó al gafotas y a la madre del mismo, aunque ya conocía la historia, fueron los recuerdos del abuelo Alberto asociados a su padre en la cárcel. 

El bisabuelo Ventura (su padre) estuvo preso en el Penal de El Dueso (unos 11 años, condenado a muerte, por cierto).  El abuelo Alberto fue a visitarlo con 14 años. Cruzó España desde Cartaya (Huelva) hasta allí en los trenes de aquella época. Un niño solo que cruzaba el país en plena posguerra a visitar a su padre, preso político. Salvador y su barbilla temblaban de emoción, pero el abuelo de vez en cuando, le dice alguna tontería para cambiar el tercio. Pero no, el gafotas quiere saber más de la historia de su familia.

«--En aquella época había que ir al servicio militar obligatorio. Pero había una cosa que se llamaba excedente de cupo, si te tocaba, te librabas del servicio, sólo tenías que hacer el periodo de instrucción, que duraba 3 meses. Una tarde, en Cartaya, yo iba a buscar a tu abuela para dar un paseo de novios por la plaza. Como en aquellos tiempos todo el mundo oía la misma emisora de radio y las ventanas estaban todas abiertas, yo podía escuchar la retransmisión completa por la calle, de ventana en ventana. Anunciaron los números 'agraciados' con el excedente de cupo y cuando llegué a la casa de mi novia, tu abuela, le dije: "Aurora, me he librado de la mili" Tu abuela ni se lo creía. 



Pero tuve que ir a hacer la instrucción. Nos convocaron en Huelva a todos los quintos, para llevarnos al Cerro Muriano. En ese momento, me entregaron un telegrama, que es como un mensaje de móvil pero en un papel, donde me anunciaban que mi padre había salido de la cárcel. Fui a hablar con los mandos para pedir permiso para ir a ver a mi padre, un preso político que acababa de salir de El Dueso. "Ya no quedan presos políticos en EL Dueso, hijo" Yo le dije que mi padre, Ventura Márquez Sicilia, acababa de salir de allí. Me dijeron que no podían darme permiso, que tenía que pedirlo cuando llegara al Cerro Muriano. En cuanto llegúe al centro de reclutamiento del Cerro, volví a buscar a los mandos "¿Tú eres el hijo del preso político de El Dueso?" Y yo le dije, "Sí, mi capitán" "Vete a ver a tu padre, tienes 3 días" 
Al salir por las puertas del cuartel, mi padre llegaba en ese momento en un coche con su cuñada.

--¿Qué le dijste, abuelo? 

--Imagínate...» 

Al abuelo Alberto le brillan los ojos.

«--Bueno, vamos a merendar algo, ¿no? ¿No tienes hambre, Salvador?»

Mis suegros y mis hijos


El gafotas está emocionado, pero merienda con ganas. Ventura sigue ajeno a la historia de su tocayo, pero feliz. 


A veces, me entra la duda de si es muy pequeño para oír estas historias. La mayoría de las veces, estoy convencida de que es necesario, para que no se repita, para que no se olvide...


 

miércoles, 13 de abril de 2011

¡Lo sabía, mamá! ¡π es racional!



Hace algún tiempo, por estos lares, ya hablábamos de la repercusión que la camiseta así serigrafiada tenía sobre las preocupaciones transcendentales del menor de  mis dos  hijos. Pero tengo dos, y el mayor de ellos, al que cariñosamente llamamos el gafotas, siguió interesado en el lema de la camiseta de su padre y me preguntó:


-¿Por qué π no es racional?
-Porque no se puede poner como un fracción, no hay dos números enteros que, al dividirlos, nos dé como resultado π.
-¿Qué son números enteros?


En ese momento, cuando descubro a cuatro ojos brillando posados sobre mí, ansiosos de respuestas, decido tomar una hoja de papel y contarles un cuento:

"Hace mucho tiempo, en una galaxia muy lejana...ah no, ésa era otra historia. 



Era aquí, en nuestro planeta. Los pastores tenían ovejitas, pero no sabían contar, entonces, aunque eran bastante educados y no querían incomodar a sus vecinos, siempre estaban sospechando unos de otros, porque no sabían si al recoger el rebaño cada noche, le faltaba alguna. 



Una gafotas pelirroja (la historia la cuento yo, y la cuento como quiera) que por allí pasaba con los zapatos rojos de la Malvada Bruja del Este... ostras no, esto es de otro cuento...





Una gafotas pelirroja que por allí pasaba enseñó a los pastores a contar sus ovejas, usando para ellos, piedrecitas (que como sabéis, en latín se llaman "calculus" y de ahí el nombre de cálculo). Así, cada noche, sabrían si todas sus ovejas habían vuelto a casa o no.

Muy bien, todos felices, sabían contar. Habían nacido los números naturales, los que sirven para contar.  El problema ahora era que cuando se morían  ovejitas o compraban nuevas, tenían que contar desde el principio para saber cuántas tenían. 

He aquí que la pelirroja definió la suma y la resta, para resolver este problema de una forma más rápida y eficaz. 

Qué felices eran todos, contando, sumando, restando...

-¿Cuánto es 2-4?-preguntó un niño que jugaba a restar

Nuestra heroína (la pelirroja)  se dio cuenta de que faltaban números para poder hacer todas las sumas y restas, y así nació el conjunto de los números enteros. Ya podían restar y sumar a lo loco, sin miedo a quedarse sin números para ello. ¡Cuánto alborozo! 

Ocurrió entonces, que un afamado pastor murió dejando en herencia 69132 ovejas a repartir entre sus 7 hijos. Empezaron a repartir: Una para ti, una para ti, una para ti, una para ti, una para ti, una para ti, una para ti... Pero nuestra amiga de gafas, ideó dos nuevas operaciones para optimizar este tipo de repartos: el producto y el cociente. 


Qué felices eran todos, contando, sumando, restando, multiplicando, dividiendo... 




-¿Cuánto es 7/5?-preguntó un niño que jugaba a dividir (el mismo de antes, por cierto) 

Nuestra  pelirroja descubrió así  que faltaban números para poder hacer todas las operaciones y así nació el conjunto de los números racionales. Ya podían restar, sumar, multiplicar y dividir a lo loco, sin miedo a quedarse sin números para ello. ¡Cuánto alborozo, otra vez!  

Eran tan felices con su nuevo juego, las matemáticas (aunque este nombre, lo usarían los pitagóricos más tarde)... Superpelorojo empezó a plantear problemas cuya solución pasaba por resolver ecuaciones simples:

x+7=0     x-8=0     x3-8=0     x2-4=0

Qué felices eran todos, contando, sumando, restando, resolviendo ecuaciones...

-¿Cuánto es x2-2=0?-preguntó EL niño que jugaba a resolver ecuaciones.

-Niño, ¿tú no tienes casa ni "ná"?-preguntó la pelirroj...

No, no era así, perdón.

La gafotas se dio cuenta de que no tenían suficientes números para seguir con el juego y aparecieron los números irracionales. Todos juntos, racionales e irracionales, forman el conjunto de los números reales, que son con los que casi siempre trabajamos."



Acabada esta historia, retomo la conversación con mi hijo mayor, y le explico:

-¿Ves? Por eso, π no es racional, porque no se puede poner como una fracción de números enteros.
-¿Has probado con todas?
-No, pero estoy segura de ello porque se puede demostrar, lo que pasa que aún no puedes entender la demostración (no le iba a contar la de Ivan Niven, por ejemplo, no soy tan cruel).
-Y papá, ¿tampoco la encontró?
-No, tu padre tam-po-co.

Viendo que no podía seguir discutiendo y que, al fin y al cabo, él no sabía que era una fracción, desvió su atención hacia el cuerpo de los enteros, otra vez:

-Mamá, si multiplicas un número par por 6, el resultado siempre tiene las mismas unidades que el primer número.
-Ein?
-Eso, que como es par, si lo multiplicas por 5, acaba en 0, al sumarlo una vez más, para multiplicar por 6, sería 0 más las unidades del primero, ¿a qué sí? ¿Eso ya lo habíais descubierto  los matemáticos también? :( 

Con este tipo de deducciones y con el intento de calcular los términos de la sucesión de Fibonacci, de TODA la sucesión, han estado los dos entretenidos y no habíamos vuelto a debatir sobre la irraccionalidad de π. 




Pero he aquí, que ya explicaron fracciones en su clase. La semana pasada, tras una maravillosa conferencia de Gaussianos en mi Universidad, telefoneé a casa de mis padres para preguntar por mis hijos. 

Fue el mayor el que se puso al teléfono y con tono de enfado, me espetó:

-¡Lo sabía, mamá! ¡π es racional!
-¿Perdón?
-Encontré la fracción, ¿sabes?
-¿Sí? Dime.
-314/100
-Eso no es π, cielo.
-Ya, pero estoy muy cerca... 


En cuanto a la pelirroja de mi historia, aún tuvo que aguantar una vez más al niño preguntitas:

-¿Cuánto es  x2 + 1 = 0 ?

Pero de eso hablamos otro día, ésta es una entrada sin complejos. 

Por cierto, del irracional ese, lo último que supe es que había abierto un bar en el barrio gótico de Barcelona...






Con esta entrada participo en la Edición 2.3 del Carnaval de Matemáticas, cuyo anfitrión es el blog "Los Matemáticos no somos gente seria"




domingo, 20 de marzo de 2011

Las 7 vidas del abuelo Grima






"-Papá, ¿tú me quieres?
-No.
-¿Por qué?
-Porque yo no tengo tiempo para esas cosas."

No, no es un diálogo extraído de ningún capítulo de House ni de Padre de Familia. Era, y sigue siendo, una de las formas favoritas de mi padre para cabrearme. A mí y a mis hermanos. Creo que nunca hemos conseguido que responda que sí, aunque nos consta que lo hace, con devoción y locura.

Mi abuelo Grima era el padre de mi padre. Ahora, por inducción, mis hijos y mis sobrinos llaman abuelo Grima a mi padre.

Mi abuelo Grima se llamaba Máximo, aunque él nunca lo supo. Se murió pensando que se llamaba Paco pero cuando sus familiares trataron de arreglar el papeleo, descubrieron que aparecía inscrito como Máximo Grima. Nadie en mi familia, que yo sepa, lleva ese nombre, el verdadero nombre del abuelo, aunque sí tenemos nuestros Pacos. 

Por esta razón, cuando todavía rondaba por mi cabeza la posibilidad de tener otro hijo, le propuse a mi santo que si era varón, se llamaría Máximo, que es el nombre del abuelo y además ¡¡tela de apropiado para el hijo de dos matemáticos!! 

Mi querido esposo se negó en rotundo, alegando que si el niño heredaba la talla del padre se ganaría muchas collejas en el instituto y el apodo de Mínimo. Por ésta y otras razones, nos quedamos sólo con nuestro gafotas y nuestro filósofo. 

Pero esta entrada no está dedicada a mi abuelo Grima (DEP) sino a mi padre, ese señor, del que yo heredé el carácter: serio, discreto, callado, tímido... como yo, vamos. No, en serio, él sí es así. Y trabajador, luchador, honesto y muy, muy generoso. 

Con mi padre y su única nieta.


Pero, como le decimos nosotros, también es "mu" seco:

"-Papá, ¿viste mis notas?
-Sí.
-¿Cómo están?
-Bien.
-¿Bien? ¡Saqué 10 en todo! ¿Qué me vas a regalar?
-Lo mismo que me regalan a mí cuando llego todas las mañanas a mi puesto a mi hora."

Luego siempre nos caía algo, era sólo fachada.

Ayer era el día de los padres y en el coche, camino de la playa, me puse a pensar en él, en las cosas que me gustan de mi padre. Y recordé una historia asociada a un viaje mío a Japón (también bastante en portada, desgraciadamente), pero sobre todo, asociada a la inmensa generosidad, ya mencionada, de este señor.

Era Junio de 2007 y mi marido y yo teníamos planeado viajar hasta Japón para asistir a la KyotoCGGT2007. Era la primera vez que iba a visitar el país del sol naciente y era evidente para toda mi familia, (padres, hermanos, sobrinos) que estaba excitadísima con la idea. 




Y como la niña no es novelera y caprichosa...


Para ello, necesitaba (y contaba con  ella) la colaboración de todos ellos. Nuestros dos hijos se quedan en casa de mis padres y mis hermanos prestan toda la ayuda que pueden  (tareas, parque, cine, fútbol, etc...)

La tarde antes de nuestro viaje la pasé yendo y viniendo a casa de mis padres, dejando cosas para que mis hijos se mudaran con ellos 2 semanas. Mi madre y yo lo organizábamos todo con alegría. Yo hacía "chistes" pidiendo que no me dieran ninguna sorpresa del tipo de la de Rocío al llegar, en fin, todo era casi una fiesta... Me iba a Japón y era casi un sueño.

Mi padre aquella tarde trabajaba en su empresa y le tocaba reparar una pala a la que se le había fastidiado el sistema hidraúlico.  


Por alguna causa, falló el sistema de calzado de la pala  mientras mi padre estaba debajo y la pala, que pesa más de 2 toneladas, comenzó a aplastar a mi padre contra el suelo. Mi padre cuenta la historia con más comicidad que dramatismo aunque parezca increíble. 

"Sabía que me estaba muriendo, y me acordé de cuando era pequeño, cuando empecé a trabajar, de mis hermanos cuando éramos muchachos..." 

Mientras todo eso ocurría lentamente sus compañeros hicieron lo lógico en esos casos: 

"Uno se desmayó, la madre que lo parió, como si le hubiera caído a él la pala. El otro, se puso a dar gritos de 'Dios mío, Dios mío' corriendo como un loco, dando vueltas alrededor, con los ojos en blanco: otro que también vale pa un descosío..." 

Afortunadamente aún quedaron algunos que intentaron hacer palanca con todo lo que encontraban para tratar de levantar la pala. No podían moverla, ni un milímetro. El tiempo se agotaba. 

En ese momento, Miguel (al que llaman Miguelito sus compañeros y SuperMiguel mis hermanos y yo con devoción y agradecimiento), que no es conductor de palas, buscó y encontró (cosa milagrosa, según mi padre) las llaves de otra pala similar, la puso en marcha, y, mientras el desmayao convulsionaba y el Forrest Gump de La Algaba seguía gritando y pidiendo ayuda a quién no iba a ayudar a mi padre,  Miguel, perdón, SuperMiguel, consiguió usarla para liberar a mi padre de la que reposaba en su pecho y que, en aquel momento, ya no le permitía respirar. 

Llegó la ambulancia, atendió al del desmayo y a un par de compañeros más, en estado de shock, y, con extrema delicadeza, depositaron a mi padre en la ambulancia sin saber la gravedad del aplastamiento. 

Mi padre, tan seriote como el de Amaral,  casi sin poder moverse, estaba machacado, pidió que le dieran su teléfono que estaba en el bolsillo de su pantalón e hizo dos llamadas: la primera a mi madre:

-Niña, esta noche no voy a dormir a casa. Hay follón en las obras del metro y tengo que mirar una excavadora.

La siguiente a mi hermano mayor:

-Me llevan a la UCI del hospital. Que no se entere tu madre ni tus hermanos sino tu hermana Clari no se irá mañana a Japón.

Su Clari fue a Japón

Mis dos hermanos mayores y mi hermano pequeño, el que nos trae y nos lleva al aeropuerto, pasaron la noche en el hospital. Mis niños durmieron en casa de mis padres. A las 5 de la mañana mi hermano pequeño nos recogió en casa para llevarnos a nuestro viaje. Estaba muy, muy serio.

"-¿Qué te pasa, David?
-Nada, tengo sueño.
-Ay, hijo, perdona.
-No te preocupes, Pon."


Nos llevó al aeropuerto sin mencionar palabra del asunto y nos fuimos a Japón. Mi padre salió a los dos días del hospital, más magullado que nadie, pero bien. Yo no supe nada de esta historia hasta meses después, cuando a alguien se le escapó alguna referencia a SuperMiguel, el rescatador. 

"-¿Por qué no me dijisteis nada?
-Porque tenías muchas ganas de ir a Japón y además tú no eras la que tenías que curar a tu padre, ¿no? Pues, ea, se acabó."

Con mis padres y mi hermana mayor.


Creo que a partir de aquí ya os habéis creído que mi padre es tan generoso como os había anunciado y yo creo que, diga lo que diga, sí que me quiere.


Dos de mis Salvadores.


Mi hijo mayor lleva su nombre, en parte porque me gusta y sobre todo como homenaje y agradecimiento.


Salvador y el abuelo Salvador


El título de esta entrada hace alusión a ésta y a las mil ocasiones que el abuelo Grima (mi padre) ha tenido para espicharla y, afortunadamente, no lo ha hecho. Y es que mi padre, lo digo ahora que ya está jubilado, debe ser la persona que mejor conoce la normativa vigente sobre Seguridad en el Trabajo porque se las saltaba todas, ¡sin dejar ni una! 

Esta lista de accidentes incluiría: descargas eléctricas de alto voltaje, caídas libres a pozos vacíos, parada con la cabeza de una compuerta metálica de un camión hormigonera, etc... Hasta dos tricoleucemias, una antes y otra justo después de la "aventura" de Rocío. Parecía que nos habíamos ido a vivir a la planta de Hematología del Hospital Virgen del Rocío. 

  
Con mis padres y mis hermanos, de viaje tras su remisión completa, cumpliendo una promesa de mi tía, pero eso es para otra entrada completa, casi. Mi gafotas está en la foto, aunque escondido en mi tripa :) 

Pero ahí está el Grima. Si es que...

Estoy deseando que mi padre lea esto para preguntarle y que me diga que no le gusta, porque estoy segura de que sí, le gustará y de que le temblará la barbilla mientras lo lee.

Te quiero, Papá. Feliz día del padre