domingo, 13 de febrero de 2011

Recuentos (microrrelatos)



En esta ocasión, os dejo solo ficción. Se trata de 5 microrrelatos donde todos conocemos a los personajes desde hace muchos, muchos años. 


Dedicado a todas las caperucitas que nunca fueron abordadas en el bosque y a todos los lobos que no se atrevieron a tomar el atajo.





Insomnio

La princesa nunca negó aquella estupidez sobre el guisante. Pero fue el recuerdo de los labios de su amiga en sus muslos lo que la mantuvo inquieta aquella noche.

Foto: http://confesionesdeunalencha.blogspot.com/




Si me quieres.

    -Me quieres, me quieres...es fácil decirlo mientras sigues viviendo con ella. ¿Por qué no desfilas desnudo para mí?¿Eh?

El emperador supo desde el principio que aquellos sastres eran unos pobres impostores.

Silencio

Al cabo de unos meses, Blancanieves volvió al bosque para el entierro de Mudito. Allí, Sabio le contó que, antes de morir, él había pronunciado su nombre.


Foto: http://misgalgasyoy.blogspot.com/



En la Torre

La ceguera del príncipe no la causaron las espinas, fueron las lágrimas. No podía creer que ella dejara de lanzarle el pelo. Nadie le contó que Rapuntzel llevaba meses de quimioterapia.


Foto: http://caretafobia.blogspot.com


Atajo

-Me la acabo de encontrar en el bosque. Viene hacia aquí.
-Creo que deberíamos contarle la verdad, es mi nieta.

Foto: http://www.flickr.com/photos/horiavarlan/


¿Por qué recuento cuentos? 



Autor: Facundo Ferré 



Pues, principalmente,  porque un amigo mío, Fakun (@SDibujando en Twitter),   cada vez que le pido que me cuente un cuento triste en 140 caracteres, va y me lo cuenta. Cuentos maravillosos, recontando los cuentos clásicos de hadas. 

Esto intenta ser un pequeño agradecimiento para este artista. 

Os recomiendo que no os perdáis el siguiente cortometraje hecho también por Fakun, es otra de mis fuentes de inspiración cuando pienso en mis recuentos.



miércoles, 19 de enero de 2011

Eres más bonita que toda la naturaleza.

Continuando mi entrada sobre el vuelo fantasma, os cuento hoy una historia menos cómica pero mucho más alegre.

Efectivamente, tras aquella estancia en México, el verdadero susto nos lo dieron al llegar a Sevilla.
Mi hermano pequeño, 23 años aquella tarde, fue a recogernos al aeropuerto. Antes de que dijera una sola palabra, yo sabía que algo grave estaba pasando.

-¿Quién?
-Rocío. Tiene linfoma.

Rocío es mi hermana pequeña. Tenía 22 años aquel abril de 2005. 



Rocío, antes del linfoma



“El 9 de abril de 2005, mi mundo cambió,  y desde ese momento hasta el día de mi curación se desvaneció sin más la ultima pizca de creencias sobrenaturales... Solo confío en la ciencia y en las personas.”

Siempre fue asustadiza e hipocondríaca (seguro que no se enfada porque sabe que es verdad) Estudiaba en la Universidad y los fines de semana trabajaba como camarera en un restaurante. Aquel día, mientras trabajaba, sintió un fuerte dolor en el pecho, no podía respirar. En el centro de Salud le prescribieron ansiolíticos como las veces anteriores, pero ese día 9 de Abril, Roció se negó:

-No es ansiedad. Me duele. Hay algo aquí, dentro.

Efectivamente. En el hospital confirmaron su intuición. Mi padre esperaba en el coche, como otras veces; mi madre la acompañaba a la consulta, como otras veces, Rocío esperaba el pinchazo de Valium, como otras veces...

-Creemos que tienes un linfoma

Así, directamente.

-¿Un cáncer?
-Un cáncer.

Mi madre aún no ha encontrado las palabras para describir lo que sintió. No dijo nada. Rocío, casi tampoco.

Ingresó en el Hospital y empezó la peor pesadilla de su vida, de nuestra vida. No quiero hacer un relato detallado y exhaustivo de su enfermedad. Mientras mi hermana luchaba contra el linfoma, a mí me tranquilizaba leer en blogs las curaciones de otras personas, ver las fotos con la metamorfosis, los finales felices... Éste es uno de esos finales felices.

Cuando mi hermano me lo dijo en el aeropuerto, me derrumbé. 

¿Mi hermana? Tan joven ¿No será un error? Rocío ¿Cómo están papá y mamá?

Pero mi santo, como casi siempre, abrió la ventana a la cordura, a la luz (a éste sí que debería cogerlo Endesa y no a Aznar) 

-No llores, ya habrán llorado demasiado. Llorar en medio de la tragedia es lo fácil, lo importante es sonreír y contagiar tu sonrisa a los demás. Tus padres y tus hermanos necesitan tu alegría. Diles cuatro burradas de las tuyas.

Así que cuando vi a Rocío por primera vez le dije

-Tía, ya te vale, no eres novelera tú, no ni ná... Digo, un cáncer, ná más que para llamar la atención, ¿no? ¿Te podremos pintar florecitas en la calva?

Mi hermana se rio. Mi madre me insultó


-La madre que te parió... - (creo que nunca me perdonó lo de la Milady)

Tras los dos primeros meses de quimio. No perdía su sonrisa


Fue muy, muy duro. Es verdad. Sientes que la están matando, no puedes creer que la estén curando. Pero lo hacen, ahí está mi hermana.

La operaron de una adenopatía del cuello para hacerle una biopsia. El cirujano al salir del quirófano nos dijo:

-Parece un linfoma de Hodgkin.

Todos sonreímos aliviados. ¿Habéis oído hablar de la teoría de la relatividad? Mi madre nos abrazó emocionada porque su hija pequeña tenía un linfoma de Hodgkin. Era la mejor noticia que esperábamos aquella mañana.

-¿Seguro?
-Casi seguro

Rocío, al despertar nos miró: 

-¿Hodgkin?
-Hodgkin

Y se quedó dormida, sonriendo. 

Al cabo de un par de semanas, en la consulta de Hematología:

-Parece que es NO  Hodgkin

Mi hermana, guapísima y radiante aquella mañana, perdió el color de la piel.

-¿Cómo? El cirujano nos dijo...

-Ya, pero es que las células del linfoma...-y empieza a dibujar sobre un papel

-No me hable de células, hábleme de mi hermana, por favor. Es mi hermana.

Más tarde entendí que la doctora no sabía como decírselo a Rocío. Debió de ser duro para ella también. Estaba tan viva...

Bueno, pues finalmente, sí fue Hodgkin. Os podéis imaginar cómo están unos padres para que se abracen de alegría cuando le anuncian que su hija de 22 años tiene un linfoma de  Hodgkin, ¿no?

Pero éramos muchos, íbamos a ganar. Teníamos al Servicio de Hematología del Hospital Universitario Virgen del Rocío de Sevilla, teníamos a mi hermana llena de fuerza y alegría. Según sus propias palabras: 

“Tenia tanta energía positiva que notaba como se me desprendia de la piel. Esa sensación nunca más la he sentido, y a veces la echo en falta cuando me preocupo por cosas que no tienen importancia.”

Y teníamos a Elena. Su amiga.

Elena cuidó de mi hermana con un amor tan desmedido como desinteresado. Estaba con ella más tiempo del que podía. La trataba con dulzura, alegría y desparpajo. En cierta ocasión,  Elena tuvo que acompañar a su familia a Canarias. Rocío tenía que empezar con las sesiones de quimioterapia y se había cortado su melena rubia, muy cortita, por consejo de su doctora. Iba a empezar a perder pelo. Se lo contó a ella por teléfono.

-Estoy muy fea, tía, feísima.

Al cabo de unas horas, Rocío recibía un MMS desde Canarias con una foto de una morena casi pelada al cero que se parecía un montón a Elena.

“¿Qué quieres? ¿Que te miren sólo a ti?”

Es sólo un pequeño detalle del cariño de esta gran mujer hacia mi hermana.

De todos los posibles efectos adversos de la quimio, mi hermana no se saltó ni uno, ¡con dos ovarios! Hablando de ovarios, como era muy joven, le provocaron una suerte de menopausia para proteger su aparato reproductor, con vistas al futuro. Con lo cual, además de aftas, hongos, vómitos, dolores musculares, hinchazón, alopecia..., sufría los calores súbitos y demás lindezas asociadas a la menopausia, pero provocada a toda pastilla (nunca mejor dicho).

No perdió la sonrisa.

“A veces quería llorar, para desahogar el alma y para poder echar un buen sueñecito que los dolores del cuerpo me impedian, pero jamás lo hice delante de mi madre, jamás... “

No perdía su alegría, pero empezaba a perder el pelo.


Y eso que el grandullón de mi hermano pequeño siempre le hablaba haciendo pucheros. 

Recuerdo la mañana que le hicieron la punción lumbar (sí, como en House): entró y salió sonriendo. Los propios enfermeros estaban sorprendidos. Se tenía que curar, ¿“pa” qué iba a llorar?

         “Desde el momento de la noticia se me quitó el miedo a morirme, porque estaba convencida de que me iba a curar, jamás tuve la sensación de que llegaría el final, ni incluso cuando me aislaron en la burbuja...”

Era un rayo de luz en el Hospital de Día donde le suministraban el tratamiento. Era de las más jóvenes de la sala. Se fue transformando en un monstruo: hinchada, descolorida, ojos secos, sin vello corporal, sin cabello, sin casi vida... se apagaba. Durante la administración de “eso”, necesitaba ir al baño, a menudo, para vomitar. Te hacía señas con la mirada y tú la ayudabas a caminar, aguantando el bastón del suero. Pues bien, antes de llegar al WC, ella acariciaba en la mejilla, sonreía y levantaba los dedos en V de victoria a todos y cada uno de los pacientes que encontraba en su camino.

-Rocío, cielo, no te pares, vas a vomitarte encima.

Pero no importaba. Era maravilloso y escalofriante ver cómo iba transformando la luz de una sala tan sombría (y tan necesaria y eficiente, gracias al trabajo de muchos científicos que luchan contra el cáncer)

Si la invitaban a una fiesta (privadísima, porque estaba inmunodeprimida) ella se plantaba con una peluca de plástico, de las de carnaval, del color más llamativo que encontraran ella y Elena, llena de pinzas de colores. Y el mayor escote que pudiera, ¡¡tenía las tetas más grandes que nunca y sin silicona, gracias a los corticoides!!

Rocío, casi un año después de la "noticia"


Le pasó de todo durante aquella época, bueno y malo. Sobre todo ella y a mi madre. Pero a mi madre no la vimos llorar nunca, nunca. Siempre junto a ella, luchando, con fuerza y alegría. 

“Mi madre casi hizo un master en enfermeria y cuidados intensivos. Nunca podré pagarle a mi madre con esto. Desde esa dura prueba, tenemos una relacion más intensa aun si se puede.”


Mi madre, mi padre, mis hermanos, toda la familia unida, todos con un mismo propósito.

“Saqué la carrera con la quimio, y el carnet de conducir. Mientras estudiaba las oposiciones estuve 4 meses en silla de ruedas y me operaron dos veces de las caderas.”



 Aun así, sacó la  nota más alta de su tribunal. 

“Hoy dia creo que sería imposible, porque mi inteligencia emocional era tan fuerte e invencible que ni yo misma lo creía.”

En la Escuela de Magisterio donde estudiaba en aquella época, le hicieron un acto sorpresa de homenaje en agradecimiento por su ejemplo de coraje y alegría. Fue una acto maravilloso y emotivo que se fraguó, principalmente, con la complicidad de nuestra Elena.  Una profesora, que había sido muy cariñosa con ella, le echó una bronca por un trabajo entregado y la mandó a la biblioteca a buscar un libro para mejorarlo. Mientras Rocío salía a la biblioteca del centro, su aula se llenaba de gente, emocionada, agradecida, y de ¡regalos!.


-Mamá, y cuando yo hablé por el micro, tó Dios llorando...-contaba al llegar a casa


Rocío ahora está estupenda. La sombra del linfoma es alargada y aún sigue con problemas en las caderas, en las que lleva prótesis como consecuencia de la quimioterapia. Pero sana y feliz.



Verano de 2007, Rocío es la primera por la izquierda. Mis otra dos hermanas, mi sobrina y yo misma.


Cuando le pedí permiso para contaros esta historia, me pidió que no olvidara agradecer: 

“a la doctora MARTINO de quimioterapia,  la Doctora MONTERO de radioterapia, Al ginecólogo Doctor CAÑADAS y su fabulosa enfermera MARIBELl, que cuidaron mis órganos femeninos para que no sufrieran los efectos de la quimio. Los enfermeros que eran encantadores y por supuesto al Doctor JUAN RIBERA de Traumatología que hizo una obra maestra de la ingeniería en mis caderas”

Todos del Hospital Universitario Virgen del Rocío de Sevilla.


Septiembre de 2007


Yo me uno a esos agradecimientos, todos nos unimos. 

La familia que lucha unida...


Pero sobre todo, espero que pueda servir como un mensaje de ánimo y esperanza a quien se encuentre en medio de una pesadilla similar.

Mi hermana y yo, en el verano de 2010. Yo soy la de gafas.

Dios no existe, es verdad, ¿pero a quién le importa? Mientras siga habiendo gente en los hospitales trabajando como trabajan. Gracias.

Por cierto, el título hace alusión al piropo que mi hermana Rocío le decía a mi madre cuando era muy, muy pequeña.

Rocío tiene abierto ahora otro frente, más difícil que el cáncer, como podéis ver en el siguiente vídeo.





Con hermanos como los que tengo, no os extrañará mi necesidad de protagonismo en la familia, ¿no? ;)










sábado, 8 de enero de 2011

El zapato de cristal (microrelato)



Desde que se vieron por primera vez en el baile, no pudieron dejar de mirarse. Pero Cenicienta escribió un 7 que parecía un 1 y aquel sirviente, de ojos profundos, nunca la llamó. Aún así, aceptó casarse con el insulso príncipe para poder estar cerca de su amado.

domingo, 26 de diciembre de 2010

El vuelo fantasma o ¿Por qué odio a Nicolas Cage?


Desde mi primer vuelo en avión,  mi relación con este medio de transporte ha sido, cuanto menos, extraña. Al principio, en los vuelos largos, sentía principalmente claustrofobia, no me gustaba estar encerrada, sin poder abrir las ventanas en un sitio con tantas criaturas. Después, cuanto más vuelos acumulaba en mi ranking, más miedo iba teniendo, miedo a estrellarme. Sí, soy matemática y conozco las estadísticas sobre accidentes aéreos, pero hay sinrazones del miedo, que la razón no entiende; o como dice mi amiga Isa, el miedo es gratis. Ahora bien, como me encanta conocer nuevos países y nuevas culturas, ni mi claustrofobia ni mis sinrazones, me van a dejar en tierra. Otra cosa son los controladores.... 


Desde que el miedo hizo su aparición en mi equipaje de cabina, comencé a volar tomando ciertas precauciones, básicamente en forma de benzodiazepinas. Alguna vez, incluso, mezcladas con una copita de vino, tras el consejo de un amigo médico. Todo iba bien, y era llevadero. Soportaba con relativa dignidad vuelos largos, hasta Australia, Indonesia, etc; turbulencias e incluso, casi sin gritar, baches importantes durante el vuelo. 

Pero aquel fatídico 8 de Abril de 2005 fui una de las pasajeras del vuelo KLM 685, conocido como el vuelo fantasma, que tenía previsto volar desde Amsterdam hasta la Ciudad de México. 


Taxco (México), Abril 2005

Mi marido y yo íbamos a pasar una semana en la UNAM trabajando con un profesor de la misma. Nuestros hijos, uno de 2 años y otro de meses, se quedaban con mis padres.

Como es normal en estos casos, yo llevaba en mi equipaje de mano, cantidades industriales de Orfidal, galletas, patatas, y todo tipo de porquerías con las que atiborrarme para olvidarme del miedo que me daba volar. Alberto y yo estábamos sentados en el centro y ventanilla, junto a un señor que ocupaba el asiento de pasillo de aquel Boeing 747. Como quiera que los asientos son muy estrechos, cada vez que decidía comer alguna guarrería de las que llevaba, le ofrecía al señor que estaba a mi lado, que, educadamente, sin hablar, lo rechazaba con un amago de sonrisa. 

Era un vuelo tranquilo, todo iba bien, mi compañero de asiento no compartía mis gustos culinarios, pero no me había gritado...aún. Yo deseaba divisar el continente americano, porque me gusta tener la posibilidad de un aterrizaje de emergencia, no sé, soy así. Y aunque sé que la ruta suele seguir la ruta de la geodésica y vamos muy cerca de Groenlandia, prefiero pensar que estoy sobre Alaska, Canadá o, incluso, Estados Unidos. 

En el avión estaban proyectando una película de Nicolas Cage, actor que siempre me ha parecido sobreactuado y que nunca me he creído. Sólo tiene dos caras, la de miedo y la de pena, y son casi iguales, creo yo, claro. Yo no estaba viendo la película porque no lo soporto, estaba leyendo, Alberto acababa de anunciarme que, para mi tranquilidad, sobrevolábamos Terranova, cuando de pronto.....

Se congeló la imagen del señor Cage en todos los monitores del Boeing 747, con la cara de susto, concretamente,  la boca torcida hacia un lado, la de siempre, vamos. El comandante anunció por megafonía, primero en inglés y después en holandés, creo, que el vuelo no tenía permiso para sobrevolar el espacio aéreo estadounidense y que nos volvíamos a Amsterdan. ¿Cómo? Pues eso. Yo, evidentemente, me tomé un Orfidal, miré a mi santo y le dije:

-Es mentira, ¿verdad?

Mi amado esposo, sin levantar la mirada de su libro, contestó:

-No creo.

-¿Cómo que no crees? Llevamos más de 5 horas de vuelo y ¿nos volvemos para Amsterdam por un papel? ¿Por qué no aterriza en Canadá?

-Supongo que ya lo habrá intentado y no será posible. 

El señor del asiento de pasillo seguía inmerso en la lectura de su libro como si no pasara de nada. Por unos segundos quise pensar que se trataba de una inocentada de mis amigos, por lo de mi miedo a volar. Sólo un señor mayor parecía removerse un poco en su asiento, al otro lado del pasillo. Me dirigí entonces al señor que estaba a mi lado, el que no quería comer de mis chucherías y al que no le había oído la voz en todo el vuelo:

-¿Ha oído al señor comandante?

-No, ¿por qué?

-Nos volvemos a Amsterdam.

-No.

-No ni ná. Ve que se han parado los monitores.

Allí seguía congelado el Nicolas con la cara de susto en todas las pantallas.

-Es que yo no hablo inglés, ¿qué ha dicho?

Le cuento lo del comandante y en ese momento, Alberto dice:

-Es cierto, no han avisado en español. La mayor parte del pasaje es mexicana, igual no lo han entendido.

El señor del pasillo, el callado, empieza a ponerse nervioso, preguntándonos a nosotros el por qué de aquello. Yo me tomo otro Orfidal, ya han pasado más de cinco minutos desde el anterior. 

Alberto llama a una azafata y le pregunta por qué no lo dicen en español. La azafata suda más que un pollo en el horno, le cae el sudor por la cara, está asustada, le da una bolsa de patatas fritas a mi marido, aún no sabemos por qué, y le dice que ningún miembro de la tripulación del 747 habla español, ¡ninguno! 

-No, Clarita, no te puedes tomar todavía otro Orfidal-dijo mi paciente esposo.

Entonces, la azafata asustada (no hay nada peor en un vuelo que una azafata acojonada) le pide, angustiosa, a mi santo que, por favor, traduzca las instrucciones del comandante por megafonía para el pasaje de habla hispana. Alberto, en lugar de asustarse y gritar con los ojos vueltos como es normal en estos casos, se pone contento como un niño pequeño porque va a hablar por la megafonía de un Boeing 747, la madre que... Nos levantamos el señor del pasillo y yo para dejarlo pasar, y el señor mayor del otro lado del pasillo debió notar algo en mi mirada, o en mis saltos, porque me pidió, casi suplicando:

-Don't panic, mam', please, don't panic.

-Ya, ya, don't worry.

Otro orfidal, anda que no. Y Nicolas Cage por todos lados, ahí, congelado. 

Alberto comienza a hablar por megafonía, pero no elige muy bien el comienzo de su alocución, creo.

-Señoras y señores, yo no soy miembro de la tripulación, soy un pasajero del avión....

Ahora sí. Todo el mundo se puso muy nervioso y empezaron los murmullos, esperando el final de la frase de mi santo.

-...pero el comandante me pide que traduzca para él.

Y cuenta lo de que no tenemos permiso y volvemos a Holanda. Se monta tremendo escándalo en la cabina. Las azafatas, con más miedo que vergüenza, como decía mi abuelo, comienzan a repartir bolsas de patatas fritas (qué perra con las patatas fritas...)

Otro Orfidal.


-Don't panic, mam', please, don't panic.

-¡Que me dejes! 

Un señor, unas filas más atrás, grita como un poseído porque lleva en la bodega del avión 10 caballos pura sangre y no podrán volar a México hasta pasada otra semana. ¿Llevamos 10 caballos? 

Otro Orfidal. 

-Don't panic, mam', please, don't panic.



-¡Te he dicho que me dejes! 

Al de los caballos se lo llevan a primera clase, para que no cunda el ṕánico, supongo, qué listo el tío. Nos dan cacahuetes. Alberto me roba el blister de Orfidal. Tengo otro, contaba con esa posibilidad. Nicolas Cage con la boca torcida.

El señor callado me cuenta que es catalán, que va a la Ciudad de México por negocios, que tiene 2 hijos, que su sobrino es muy listo, cómo conoció a su mujer, que tiene gastritis...está contándome su vida y comiéndose mi chocolate...¡cree que se va a morir! Me enseña fotos de su familia, ríe, nervioso, busca mi complicidad agarrándome del brazo. Pienso en mis hijos, en mi madre, en mi padre, mis hermanos, mi primer novio, el segundo, el tercero...en la madre de Bush...

-Cielo, ¿pero hay ancianos y bebés en el avión? ¿Cómo puede hacer esto EEUU?

Mi santo me mira por encima de las gafas:

-Te recuerdo que bombardean ciudades llenas de niños y ancianos

-Pero ¿por qué?¿qué pasa?¿por qué están asustadas las azafatas? 

A Alberto se le ocurre que como Bush debe estar volviendo del entierro del Papa, posiblemente, estén despejando el espacio aéreo. 

Así seguimos volando. Yo drogándome sin éxito,el señor callado contándome su vida, agarradito a mi brazo izquierdo, mi marido emocionado cada vez que tenía que traducir al comandante, el americano con el don't panic, largas colas delante del teléfono del avión ... y Nicolas Cage...

Doce horas de vuelo, Amsterdam-Amsterdam. Al bajarnos del avión, dentro del propio finger, el ejército holandés nos espera con perros y fuertemente armados, apuntándonos. ¿Qué está pasando?

Nos llevan a un hotel, llegamos a las 5 de la mañana. A las 9 nos vuelven a recoger para ir a la ciudad de México.

En el desayuno del hotel, todos éramos ya amigos, las desgracias unen mucho. El señor callado, que no ha parado de hablar, quiere embarcar junto a nosotros, ya que somos amigos. Fue un vuelo terrible, los bebés estaban cansados y no paraban de llorar, los ancianos no dejaban de pasear con caras de puro agotamiento, y, el señor callado, seguía contándome todo. Era muy majo, ahora que lo pienso.

El resto del viaje, la estancia en México, el trabajo, visitar a la familia, el vuelo de vuelta, todo fue magnífico. 

Lo que no sospeché en ningún momento fue que el verdadero susto me lo iba a dar mi hermano pequeño al llegar al aeropuerto de Sevilla. Pero de eso ya os hablo otro día.

Si queréis saber la causa de todo lo que ocurrió en ese vuelo KLM 685, podéis leer aquí. Básicamente, en el vuelo iban  dos ciudadanos saudís que habían estudiado en la misma escuela de pilotos que los suicidas del 11/S. Si es que estos americanos....no se fían ni de su madre.