domingo, 12 de diciembre de 2010

Hagamos felices a los niños en Navidad

Pero que bonita era yo de pequeñita...








Seguro que no tienes comprado aún los regalos de Navidad, ¿a qué no? Posiblemente, alguno todavía no las decidido, ¿verdad?

Ay, espera, ponemos un poco de musiquita navideña, banda sonora para esta entrada






Seguimos con el asunto de los regalos. Os propongo dos ideas de regalo para estas fiestas que, además de hacer felices a vuestros familiares y amigos, contribuirá a dibujar sonrisas a muchos niños.


Mi primera propuesta es la un libro solidario y maravilloso, que donará todo lo recaudado por él a Save the Children. 






Es una brillante propuesta de un buen tipo,  Pepo Jiménez (@kurioso) 
Con motivo de la final del Mundial el pasado mes de Julio, @kurioso propuso en Twitter salir a la calle y hacer fotos de las calles vacías durante la retransmisión del partido. ¿Resultado? España ganó el mundial y en cuanto a las fotos, mejor que lo cuente Pepo, que lo cuenta mejor:


Y no sólo es que el libro sea un buen libro de fotografía y una oportunidad para ser solidario, sino que es un bonito recuerdo de la primera vez que ganamos el mundial. ¡Qué bien lo hemos pasado este verano con el mundial!









La segunda propuesta es el disco de unos niños traviesos y maravillosos que hacen rock en Vinarós.







Son los ComalCool. 
No sólo se trata de un disco de buen rock, sino del proyecto que con ilusión y mucho esfuerzo han conseguido. Los que hemos vivido de cerca, en el patio de Twitter, la aventura de nuestros amigos de Vinarós hemos sido testigos de primera fila y de excepción de cómo se puede perseguir un sueño, con alegría, amor, esfuerzo y superación. Si queréis conocerlos de cerca, también tienen un blog, que os va a encantar.


Pues ea, ya te he resuelto las compras de estas navidades. Nada, nada, no tienes que agradecérmelo, ha sido un placer. Y encima, sin soporta las inclemencias de un centro comercial.





jueves, 9 de diciembre de 2010

Fibromialgia



-¿Tienes fibromialgia? 

Me preguntan muchas veces y yo contesto, desafortunadamente, que sí. 


Hace unos años, casi nadie había oído hablar de ella (me la diagnosticaron por primera vez en 1998) y los que sí habían oído hablar, sobre todo, algunos médicos, te miraban con cierto recelo, cierta desconfianza que te hacía sentir como si estuvieras fingiendo algo. 

Hoy en día, casi todo el mundo acepta, sabe por alguien cercano o intuye que es jodido. Pero muchos no concocen, ni tienen por qué, los detalles de una vida con fibromialgia. Sinceramente, yo conozco sólo los míos y, por lo que sé, es diferente en cada afectado.

A través de @Leuma, una amiga de Twitter, me ha llegado esta información

Es algo indignante, cuanto menos. Pero al leerlo me doy cuenta de que, apesar de sufrir la enfermedad o el síndrome o lo que sea, soy afortunada por muchas razones que os contaré a lo largo de esta entrada.


Esta tarde, coincidiendo con las lluvias y el frío, me encuentro absolutamente dolorida y especialmente triste, muy, muy triste. Esto unido a lo anterior sirve para que me decida a hablar sobre este tema en este blog, que empieza a ser tan ciclotímico como yo.



-Pero eso, exactamente, ¿qué es? ¿te duele todo, no?


Es otra FAQ. 

Sí y no, es la respuesta. 

Hay días en los que no te duele nada, pero tienes un cansancio infinito. Un cansancio que hace que  tareas como bajarte las braguitas para hace pis te parezcan hercúleas. Un cansancio que provoca que no se te entienda cuando hablas porque no puedes mover los labios para vocalizar.... Eso te lo pueden intentar arreglar, y tienes que hacerlo, tengo que hacerlo porque quiero estar con mi familia y quiero trabajar. Pues ahí tienes, un neuroestimulante, para que puedas tirar hacia delante.

Hay días en que sientes las pirañas que muerden todos los músculos de tu cuerpo, pequeños bocaditos, que al ir pasando las horas, porque no desaparecen con ningún tipo de analgesia, provocan nerviosismo y desesperación. Hay que arreglar esto, no puedes fastidiar a los demás con esos movimientos compulsivos, para alejar pirañas, ni con tus cambios de humor. Ahí tienes, tranquilizantes y ansiolíticos, aparte de anti-inflamatorios y analgésicos de tipo opioide (hasta metadona, como me dieron en Japón para una crisis que me pilló en Kyoto)

Otros días te encuentras con la contractura global, todos tus músculos contraídos, con un dolor agudo, que no remite con nada y que es especialmente desagradable en la cara y en los glúteos. Toma, hija, relajante muscular.


¿Y las crisis de miedo? Miedo me dan. Al principio, no entendía el algoritmo. Si darme cuenta, empezaba a comportarme como una neurótica, con tics de neurótica. Eso provocaba en mis allegados, cuanto menos, sorpresa y, claro, llegan los comentarios, intentando ayudarte. Pero tú saltas como una fiera, porque no quieres que te hablen, porque ese ruido te impide estar alerta.¿Alerta con qué? Ni idea, pero no duermes, no hablas, no haces nada, estás alerta. Suele durar como mucho dos días. Al tercero, no me puedo levantar de dolores. Eso era lo que me acechaba, y mi mente lo intuye, y se asusta, porque no soporta más dolor. Las primeras veces, pensaba que el dolor era causado por el miedo, pero ahora, después de haberlo vivido muchas veces, estoy segura de que es el miedo el que es provocado por el inminente dolor. Mi mente, de alguna manera, intuye la crisis y se asusta. Nada, más barbitúricos...porque el miedo, duele e incapacita para la vida normal.

Como consecuencia de la incapacidad física que produce los síntomas descritos en los parrafos precedentes, notas que tu modus vivendi ha cambiado sin que tú hayas decidido nada, simplemente, porque ya nos puedes seguir el ritmo que llevabas. Eso te hunde en la depresión. No es fácil aceptar que algo que no se ve, que cambia de forma cada día, que nadie está seguro de lo que es, te robe, de pronto, tu calidad de vida. Peor es un cáncer, nadie lo duda. O diabetes, o lo que queráis, estoy de acuerdo. Pero con esto de la fibromialgia, la persona que tú eras empieza a desaparecer y el sentimiento de pérdida se hace insoportable, echas de menos tu alegría, tu fuerza. Te hunde en la depresión. Nada, hija, nada, ahí llevas antidepresivos inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina. Que no falte de "ná", digo.

Otras de las lindezas de la muchachita es que provoca sueño de mala calidad, sin que se llegue a la fase indicada para que dicho sueño sea reparador. De hecho, yo me pasaría el 95% de la noche en la fase REM, lo que significa que dormiría, pero no descansaría (aparte de las terribles pesadillas). Pues eso se arregla con melatonina (mira ésta, al menos, es natural)


Ahora, con todas tus pastillas tomaditas, hay que salir a la calle, al mundo real, como Neo, pero sin abriguito negro molón.

Yo trabajo en la Universidad, soy profesora en un departamento de Matemática Aplicada. Tengo que enseñar e investigar, es lo que dice mi contrato. Pues aparte de las mermas físicas mencionadas, que me impiden, a veces, dar clases, las pastillitas que tomo, aparte de acariciar mi hígado dulcemente, producen efectos tan apropiados como: lentitud de la velocidad del pensamiento, falta de concentración, entorpecimiento de la consciencia, disminución de la percepción sensorial y de la capacidad cognitiva,... ahí es algo. ¿Qué ocurre? Pues que cuando ves que no puedes concentrarte en leer un artículo, por muchos antidepresivos que te den, no hay quien evite el hundimiento. Te agobias, te estresas, intentas hacerlo, pero no puedes,y te pones peor, te bloqueas más, te concentras menos, te agobias más, te estresas más, intentas hacerlo otra vez.... la pescadilla buscando su cola.

Hay otros efectos adversos de la medicación que no voy a mencionar que también afecta a tus relaciones sociales de forma importante. Un lujo, vamos.



Ahora, miras alrededor, y te sientes avergonzada, porque en las resonancias no hay nada, no tienes ninguna prueba, sólo un diagnóstico clínico. Sientes como si no te creyeran. Me he llegado a sentir hasta culpable, porque si un día estás bien (hay épocas de muchos días buenos) tienes ganas de salir, bailar, reír, gritar...y entonces, sientes que no puedes estar de baja si te encuentras bien, pero no puedes estar de alta porque mañana te puede doler y, a no ser que algún compañero tuyo se encargue de tu clase, la clase se queda sin dar.... y entonces, estarás preocupada por tu grupo de alumnos que no tienen la culpa de tu fibromialgia....vamos, que no dejas de pensar en todo, en todos...

Todo esto, junto al colon irritable y demás maravillas, puede provocar desesperación y empiezas a recorrer consultas de especialistas, de todos los tipos:

-Me tienen que curar, pueden transplantar corazones, curan el cáncer...me tienen que curar, por favor.

Test de liberación de histaminas: pues toma, guapita, elimina de tu dieta el trigo y la ternera.

Regulador Bio fisilogico: pues nada, te envíamos pulsos electromagnéticos a través de una bobina colocada en la cabeza que modulan el sistema neuronal del impulso doloroso en el cortex, o sea, 400 euros para nada.


¿Homeopatía? Por favor, ¡¡no me insulten!! Soy científica y estoy enferma, me duele de verdad ¿Pueden curarme con agua? ¿Insinúan que miento? No vuelvan a hablarme ni de homeopatía, ni de religión ni de santería cubana.  


Y sigues tu peregrinaje entre especialistas médicos

-Me tienen que curar, por favor.

No puedes creerte que no te puedan curar, todos te lo dicen, tienes que vivir con ella, no saben curarla aún. 


No te queda otro remedio, hay que seguir andando hacia adelante, como se pueda.  


Y sin quejarte, porque, chica, es que tú tienes todo lo que quieres, ¿de qué te quejas? Y es verdad, tengo todo lo que quiero tener. ¿Cómo me puedo quejar? 



Este es. más o menos, mi caso y soy muy, muy afortunada. ¿Por qué? Pues ya veréis:

-Mi marido me apoya y me cuida con infinita dulzura.

-Mis padres y mis hermanos, también.

-Mis amigos, también.

-Soy funcionaria, no me van a despedir si me doy de baja con frecuencia.

-No tengo jefe en mi trabajo que dude de mi estado cuando no voy a trabajar.

-Tengo un servicio  médico a mi alcance que me trata con profesionalidad y apoyo.

-El servicio de salud laboral de mi empresa, la Universidad de Sevilla, me llama sólo  para ofrecer sus servicios si necesito algún especialista médico y/o apoyo psicológico.

-Y tengo este rincón donde suelto mis cosas e interactúo con vosotros.


Hay personas con esta enfermedad que llegan a plantearse el suicidio porque no soportan la presión social, porque los despiden, porque no los contratan, porque nadie les pregunta cómo están, porque nadie les acaricia sus muñecas doloridas, nadie recoge sus lágrimas con el dorso de una mano.....


Mi abrazo más dulce y cálido para todos ellos. ¡Ánimo, tenemos que seguir luchando!

Tengo fibromialgia, sí y mucha suerte, también.






Os dejo este enlace y este otro



martes, 7 de diciembre de 2010

Mi juguete favorito


Cada año por estas fechas, cuando las conversaciones con niños incluyen la frase "Y tú, ¿ya has escrito tu carta a los Reyes Magos?", yo recuerdo con nostalgia a mi juguete favorito de la infancia, mi Milady (no estoy segura de que se escriba así, hace tanto que la perdí...). Era una cabeza de muñeca para peinar y maquillar, muy rubia, rubísima, a la que, además, le salía de la coronilla un mechón de pelo, independiente, que podías alargar o recoger, según las exigencias del look que hubieses elegido. 



Me pasaba horas peinándola y maquillándola. Mis dos hermanas, por entonces, ahora tengo tres, respiraron tranquilas, ya no las peinaría más a ellas, ni les pegaría tirones con mis peinados imposibles de deshacer. Mi madre también, porque ya no le pediría más su barra de labios roja que olía a cochinilla, olor al que creo que fui adicta. Todos eramos felices gracias a aquella cabeza de muñeca rubia de ojos azules y mechón adaptable.

Todos eramos felices, sí, hasta el fatídico día en qué ocurrió todo lo malo (yo, como la Salander, ¡digo!). 

Mi hermana Sonia, dos años más pequeña que yo, empezó a sufrir terrores nocturnos a partir de una super-mega-giga pesadilla que tuvo en una noche de fiebres muy altas. Mi madre, de la que ya os hablé en otra entrada y que es una santa, estaba muy preocupada con ella. Cuando le daban los terrores, demostraba, la niña con 6 años, una fuerza sobrehumana, levantaba a mi padre, que duerme el hombre muy bien desde siempre, ella solita de la cama, sólo del pańico que le entraba.

Por entonces, ella era la cuarta hija de mis padres. Mi padre trabajaba de sol a sol en el taller y mi madre de sol a sol, en la calle y en casa, con cuatro hijos, os imagináis, ¿no?. Además de todo eso, mamá visitó a un montón de médicos para ver lo de Sonia, no parecía normal y acabó en un psicólogo infantil, que, tras reunirse con mi hermanita en no sé cuántas sesiones (no lo recuerdo porque yo estaría pintando a mi Milady o cantándole coplas a mi abuelo, con una flor del florero en la cabeza), comunicó a mi madre que parecía que la niña tenía muchos miedos. Aconsejó, que entre todos los miembros de la familia intentáramos relativizar sus miedos y ayudarla a alcanzar una cierta normalidad en sus actividades cotidianas (no sé si lo dijo así, pero me ha quedad genial, me ha gustado hasta a mí) 

Mamá nos reunió a los otros tres, con 8, 13 y 14 años, respectivamente y nos dijo:

"-Sonia está malita. Entre todos tenemos que curarla. A partir de ahora, no contéis nada de miedo, ni nada que pueda asustarla. Cuando quiera subir a la planta de arriba, alguno de vosotros sube antes que ella, sin decir nada, para que a ella no le dé miedo subir, pero sin decirle nada, ¿vale?. Sin que ella se dé cuenta, le tenemos que quitar los miedos."

Los tres asentimos muy conformes, porque mi mamá, además de ser una santa (que lo es) tenía una zapatilla teledirigida, que podía trazar la curva de la escalera, si la trayectoria hacia alguno de nuestros culos así lo requiriese. No hablamos nada entre nosotros tres, entre otras cosas, porque en aquellos tiempos eramos super-enemigos (aunque ahora nos adoremos). De hecho, mi hermana mayor, nunca me dejaba entrar a su cuarto (que era el mío y de Sonia también) cuando se reunía con las tontísimas de sus mejores amigas hasta la muerte.

No recuerdo quién fue el primero, si mi hermana Maribel (a la que todos llamamos Tata) o mi hermano Salvador (al que todos llamamos Tato), que puso en marcha aquella reinterpretación de terapia para Sonia. Lo contaré poniendo primero a mi Tata, por ser la primogénita.

Era casi la hora de cenar, yo estaba en el cuarto de baño y Sonia entró en nuestro cuarto a ponerse su pijamita. Mi Tata, que estaba en la edad del pavo, se escondió bajo la cama de Sonia y cuando la niña se sentó a quitarse sus pantaloncitos, le agarró de los tobillos haciendo algun sonido gutural, no sé, para dar miedo. Ella era así. ¿Cómo no? La pequeña se puso a dar unos alaridos que parecía que la estaban matando, pelín exagerada diría yo. No recuerdo si fue con la zapatilla, pero la Tata fue juzgada y hallada culpable por mamá, con gran regocijo por mi parte, debo reconocer. Ya os he contado que eramos super-enemigas.

Otro día, Sonia quería subir a su cuarto a recoger vete tú a saber qué chorrada pero le daba miedo, claro. Mamá le dijo:

-Sube, miarma, que mamá se queda sentada en la escalera y te espera.

Ella subió y mi hermano, el Tato, celoso del éxito obtenido por la Tata, perpretó lo que luego le costaría supogo que un babuchazo de mi madre o quedarse sin salir con su Torrot un par de días. La habitación de mis padres era la primera que te encontrabas al subir las escaleras. Él se escondió detrás de la puerta y cuando Sonia pasó por delante, salió dando un grito y haciendo el gilipollas con los ojos vueltos, siempre fue así. Del castigo no me acuerdo, pero del grito que dio la histérica de mi hermana se acuerdan todos en el barrio, lástima que algunos testigos hayan muerto por culpa de la heroína, es que vivíamos en un barrio muy chungo. 


Me tocaba a mí. Era la tercera de cuatro hermanos (ahora somos seis), o sea, nada. La Tata era la mayor, el Tato era el varón, Sonia la pequeña, ¿y yo? Nada, de nada. Tendría que trabajar duro en lo de la "terapia" para hacerme un nombre en la familia.  Así que, como siempre estaba con mi Milady, me serví de mi insepararble cabeza rubia con mechón para mi actividad terrorista. La despeiné todo lo que pude (cosa que me dio mucha pena), le pinté bajo los ojos con  Khol negro, y con carmín rojo, de mi madre, que el de la Milady ere muy malo, le pinté como si llevara sangre saliendo de la comisura de los labios. Mi hermanita jugaba en la azotea con su Baby Mocosete y la cocinita Rico (¡tenía hasta teléfono!).


La maravillosa cocinita Rico 
 La ventana de nuestro cuarto daba a la mencionada azotea. Pues ya está. Coloqué a la Milady ensangrentada en la ventana sin decir nada, me ajusté las gafonas de pasta marrón sobre la naricilla y esperé a que mi hermana la viera y diera unos de esos grititos que ella daba, de susto.

Yo no sabía que podía ser tan buena maquillando, no lo sospechaba. Le dio un ataque de pánico de los gordos. Mi padre no estaba y mi hermana mayor, la Tata, tuvo que ir a buscar a la vecina porque mi madre sola no podía sujetar a la niña. Mamá la abrazaba, la besaba. Yo temblaba de miedo. Mi abuelo rezaba, no sé si por mi. Mi Tata y mi Tato me miraban como se mira a alguien en el camino al cadalso. Mi vecina me dio un pellizco en el hombro.

Cuando todo pasó y Sonia se tranquilizó, despues de haber conseguido la promesa de una nueva Barriguitas, mi madre se fue a la cocina y no me dijo ni media palabra. Yo abrí los ojos, los tenía cerrados esperando mi inevitable muerte y le dije:

-Lo siento, mamá.

No me contestó.

-¿Me vas a castigar, mamá?

Tampoco me contestó.

Joder (entonces no decía estas palabras, creo), que silencio tan incómodo y molesto.

-Dame un besito por lo menos, mamá.

Tampococo me miró. 


Lo siguiente que recuerdo era que estábamos los cuatro hermanos cenando, con los pijamas puestos, y mamá salió de la cocina en dirección a la calle con las bolsas negras de la basura. De una de las bolsas sobresalía un mechón rubio inconfundible, que se mecía con el traqueteo del caminar de mi madre como se mece un junco con la brisa del amanecer.

-¡MAMÁ! ¡MI MILADY! (por cierto, suena cacofónico) ¡NO, MAMÁ, NO! ¡PREFIERO MORIRME! (siempre fui muy novelera y dramática) 


Mi madre siguió su camino sin pestañear, andando erguida como un ciprés, incólume... Supongo que pensando en el jaleo que supondría matarme, como me merecía, con lo cansada que estaba ella para velatorio y entierro. 

Esa fue la última vez que la vi. A la cabeza de la Milady, claro. A mi madre la sigo viendo y amando, sin ningún trauma infantil ni nada. Bueno, miento, una vez soñé con mi Milady, hará unos meses, quizás un año. Viajaba en barco, se hundía (¿cómo no? sigo siendo igual de dramática y novelera) y yo sólo quería salvar a la puñetera muñeca rubia.


Cumpleaños de Sonia: Las tres hermanas somos las de los vestidos de cuadritos, Tata es la que lleva gafas  y mi Tato es el único de los niños que lleva gafas. 


Por cierto, mi hermana Sonia no me guarda rencor por esta historia. Nos reímos recordándola, muchas veces. Y aún nos gusta seguir jugando juntas con nuestros "muñecos"




Ah, y por último, Sonia superó sus miedos y ahora es una mujer adorable, sin ningun trauma infantil y muy equilibrada mentalmente. No como otras... que se han tenido que abrir un blog como terapia....

Puede que algo de trauma sí que tenga y por eso me pinto continuamente el pelo ¬_¬ 


domingo, 5 de diciembre de 2010

Gloomy Sunday




Hoy, domingo, se me ha venido a la mente otra historia de estas maravillosas que se viven paseando por la calle. Para ser más precisos, en la estación de Sol del metro de Madrid, un domingo por la mañana. 

Al bajarme del tren, me sorprendió ver cómo corría todo el mundo, como hormigas dentro de un hormiguero, a pesar de ser domingo por la mañana. Tuve un primer recuerdo para Momo y su tortuga Casiopea. Después recordé un trabajo que había leído recientemente sobre ACO (Ant Colony Optimization).

Yo no tenía prisa, estaba sola en la ciudad y no me esperaba nadie. Así que me acerqué al máximo a la derecha y seguí caminando despacio, sin dejarme arrastrar por el ritmo de la gran ciudad, que yo soy muy de pueblo. 

Cuando ya estaba llegando a la zona central de la estación, empecé a escuchar una triste melodía tocada por un violín. Creí adivinar que se trataba de Gloomy Sunday, la canción del suicidio, que me parece preciosa.




Bueno, eso no era nada extraño, es normal escuchar música en las estaciones de metro, era "sunday" y estaba lloviendo. Sonaba bien, muy bien, eso es verdad. No puse ni mucho ni poco interés en la música. Estaba allí, como yo.

Pero al irme acercando al sitio de donde venía la melodía, mis pasos se ralentizaron poco a poco, hasta quedarme clavada, inmóvil, frente al violinista. Más precisamente, frente a él y, no sé si su esposa, pero sí su amada.

Él llevaba una camisa con muchísimos lavados,  pero tan bien planchada que inspiraba ternura imaginar las manos que con cuidado la colocaría y estiraría sobre la tabla de planchar. La corbata, perfectamente anudada. Debe tener alrededor de 70 años. Fue y es guapo, pelo blanco, escaso, ojos muy claros, risueños.

Ella está sentada junto a él, puede que tenga la misma edad, ojos muy, muy claros, piel de porcelana. Va vestida de domingo con un vestido estampado, que podría haber sido comprado en una tienda de segunda mano de la calle Riera Baixa de Barcelona. Pero prefiero pensar, y estoy segura de que siempre fue suyo, y de que han sido sus manos las que lo han cuidado. Tiene unas bellas manos, manchadas por el paso del tiempo. Seguro que huelen muy bien. Está tejiendo con dos agujas de punto y lana de color gris. ¿Un jersey para él? No lo sé, pero envidio por un momento a la persona que llevará esa prenda tejida en esta escena.

Él toca, ella teje. Casi nadie se para. Algunos dejan monedas en la funda del violín, casi en carrera, sin pararse. Todo es normal. Es una escena cualquiera de músico que toca en el metro. Pero entonces ella levanta la cabeza de su labor y lo mira. Él lo intuye y se gira suavemente, sin dejar de tocar, para mirarla a ella. Se sonríen con complicidad, con infinita dulzura, son esas sonrisas que hacen cosquillas en el ombligo.


En ese instante, dejo de grabar la escena, me siento intrusa y entrometida. He entrado en una escena de amor a la que no me habían invitado. La gente sigue pasando, rápido, la mayoría, alegre, es domingo. Ellos siguen cada uno a lo suyo y ese intercambio de miradas se sigue produciendo, de vez en cuando, perfectamente sincronizado. Él le guiña el ojo a veces, muy sutilmente, imagino que cuando toca la parte favorita de su amada, que sonríe, como una adolescente a la que su chico le roza por primera vez la mejilla con el dorso de la mano. 

Paso tanto rato allí que inevitablemente se percatan de mi presencia, de mi cara de boba mirándolos. Él me mira, hace una cómica reverencia y ella, cómicamente, resopla, simulando un cansancio que sé que no tiene. 

Me acerco a dejar algo por la música y ellos me lo agradecen con una sonrisa y me voy. No puedo dejar de imaginar una historia de exilio de su país al Este de Europa, historia de emigración y huída, de miedos y esperanzas, de llantos y música, de lucha y alegría, pero, sobre todo, de amor.

Salgo a la calle. Llueve. Mejor. Así no se nota que estoy llorando.




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La canción se compuso en un pequeño restaurante de Budapest, de nombre Kispipa. Cada noche, alguien la  toca en el piano de ese restaurante.






Tuvimos la oportunidad de oírla en directo, cuando cenamos allí celebrando uno de nuestros aniversarios de boda.


Os dejo la versión de Billie Holiday, que es una de las más conocidas.



Y, por favor, cuidadito con lo que hacéis, ¿eh? Nada  de suicidios y tal...






sábado, 4 de diciembre de 2010

Historias de la Radio




Sólo unas letras para deciros que me ha hecho mucha ilusión que Pablo Herreros haya escogido la entrada sobre  Dios, π y el infinito  para su espacio en RNE 1

http://seispalabras-clara.blogspot.com/2010/12/dios-y-el-infinito.html

para su espacio en RNE 1.


Os dejo la dirección dónde se pueden escuchar los comentarios 


http://comunicacionsellamaeljuego.com/podcast-121-seccion-de-blogs-en-dias-como-hoy/









jueves, 2 de diciembre de 2010

Gracias por los meneos




Esta mañana he vivido una experiencia absolutamente nueva para mí y, cuanto menos, excitante. Mi anterior entrada en este mismo blog, el único que tengo (de momento...que le estoy pillando gusto ¬_¬), ha sido propuesta en Menéame http://ow.ly/3iTHV  y cuando me he enterado, me he puesto muy contenta, no sé por qué.

Soy novata, empecé con esto del blog como una extensión más  personalizada de mi muro de Facebook, o  sin limitaciones de caracteres de mi timeline de Twitter. Un sitio donde contar lo que se me pasase por la cabeza, lo que vivía, lo que sentía....un sitio para marujear, vamos. 

En la citada entrada no se cuenta nada especial, tres o cuatro monerías (para mí) de uno de mis enanos que reuní bajo un título que mezclaba dos actitudes opuestas, al menos, desde mi punto de vista: religión y matemáticas. Y ahí empieza el problema. Y eso que no he dado mi opinión sobre homeopatía y/o religión...

Bueno, esa entrada en Menéame ha generado hasta ahora más de 13000 vistas en la entrada (esta mañana tenía un total de 4000 en todo el blog desde el nacimiento de éste). Ha generado además un montón de comentarios, en el blog y en Menéame interesantes, a favor y en contra; comentarios muy cariñosos de amigos de este entorno y, ¿cómo no?, algún comentario fuera de tono y maleducado. Estos últimos me interesan tanto como el número de pie de la señora Obama.

Esta mini-entrada es para el resto, para los que desde el respeto y/o el cariño han alabado o criticado la entrada, ya sea en el blog o en Menéame:

Muchísimas gracias por el tiempo, por el cariño que  me habéis dedicado hoy y por esta experiencia, nueva y emocionante para mí. Lo he pasado muy bien. He rozado el cabreo en algún momento, pero mis amigos en Twitter me han dado un tirón y me apartaron de esa senda.

Eso sí, a ver de qué escribo en la próxima entrada....  o_O 

Pues lo dicho, muchas gracias por los meneos. Por los de http://www.meneame.net/, también ;)




miércoles, 1 de diciembre de 2010

Dios, π y el infinito



"-Mamá, ¿con cuántos años ya eres lo que quieres ser de mayor?"

Me preguntó mi hijo de 6 años ayer cuando íbamos los dos solos en el coche y después de ver a un chico negro que vendía pañuelos en un semáforo, que, por cierto, es uno de los oficios que él tiene en su lista de deseos. 

¿Qué contesté? Pues, le dije que dependía de lo que quisieras ser, que de la Universidad se salía a los 23...y no recuerdo que más. Francamente, me pilló desprevenida y algo nerviosa, porque de hecho lo llevaba a urgencias con un agudo dolor abdominal (que no fue nada).

Por la noche, cuando subí a darles un beso a mis dos hijos, en sus mejillas dulces, calentitas y sonrosadas, me quedé embobada mirando al enano y recordando su pregunta. De pronto, me hizo gracia descubrir que, a sus 6 años, tiene unas preocupaciones muy profundas, entre las que cabría resaltar las tres que dan título a esta entrada: Dios, π y el infinito.

Sobre la última de ellas, recuerdo una noche de este verano, sobre las 2 de la madrugada que me llamó a su cuarto:

-"¡Mamá! ¿es verdad que si intento contar hasta infinito primero me muero?"

Está sudando y temblando, con los ojos como platos. Seguramente tuvo una pesadilla, seguramente su hermano mayor, de 8 años, mi gafotas le ha hablado del infinito de un forma muy apasionada.

-"Duerme, cielo, no pasa nada. Nadie se muere por contar"

Y se vuelve a quedar dormido pero con el ceñito fruncido, no parece que le haya convencido mi respuesta.

"Ponte ahí que te hago una foto en el infinito" le dice mi hijo mayor a su hermano pequeño.

En otra ocasión, mientras jugaba con sus cartas Pokemon sobre su alfombra, afirmó, con vehemencia, convicción y satisfacción:

-"Bueno, claro. El infinito, en realidad, sólo sirve para cuando estás cansado de contar."

Y sigue jugando aliviado. 

Ya convive relativamente bien con el concepto,  aunque no acaba de entender por qué ∞-∞ NO es cero.

En cuanto a su fijación con π, le viene desde que su padre tiene esta camiseta



y preguntaron por el significado. Se ve que la unidad imaginaria i no les interesó demasiado. Sobre π, les explicamos que valía un poco más que 3 y mucho menos que 4, y que sirve para medir el círculo. Desde entonces, cuando quiere engatusarme, se acerca 

"-Mamá, te doy π  besitos"

Y me zampa 3 besazos y un besitito suavito, suavito. 



También en la época en la que le fue presentado π , estando almorzando los cuatro en una pizzería, salió de su ensimismamiento gritando:

"-Claro, ¡por eso se llaman PI-zzas! ¡Porque son redondas!
-¿Ein?
-Claro, para medir los círculos "se necesitamos" π "

Y siguió comiendo, sonriendo, satisfecho y feliz.

Evidentemente, el hecho de que sus padres seamos matemáticos puede motivar estas "preocupaciones", la otra, la de Dios, viene del hecho, supongo, de que en su clase de 25 alumnos, sólo 3 no cursan religión (católica).

Esta situación provoca que él (y el gafotas) quieran cursar la citada "asignatura". Yo, tranquilamente y en términos adecuados para su edad, creo, les expongo nuestros argumentos, basados en la ciencia. Él se cansa:

"-Pero, mamá, Dios es nuestro padre.

-¿Sí? Que te compre él las botas de fútbol.

-¡El tuyo también, mami!

-No, mi padre es tu abuelo Salvador que es el que me cuidó siempre.

-¡Que sí, que me lo han dicho los católicos!"

Y para terminar su argumentación, bufa:

"-Mamá, Díos SÍ existe, lo que pasa es que tú sólo estudias matemáticas todo el rato y no lo sabes!"

El otro día, antes de lanzar un penalty jugando con sus hermanos, lo vi persignarse:

"-¿Qué haces, cielo?

-Cosas de futbolistas, mamá."

Así que aquí estamos expectantes, atentos al devenir de este jovencito, sin saber si finalmente será matemático o tal vez chamán, homeópata o cualquier otra variante moderna de magufo.